Entre las primeras actividades del Festival Internacional Jazz Plaza tuvo lugar la Gala Cuba Vive, en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba. Como de costumbre, su creador y principal artífice, el pianista y compositor Ignacio «Nachito» Herrera, supo hilvanar los más importantes hilos comunicantes entre la música cubana y géneros como el jazz, la canción o el bolero, además de recorrer senderos académicos y experimentales.
El formato de mayor acompañamiento instrumental escogido para esta ocasión volvió a tener ribetes sinfónicos y se cristalizó en el reencuentro del pianista con la Orquesta Sinfónica Nacional, institución con la cual Nachito ya había colaborado en el pasado, en disímiles programas.
Y, también continuando con el concepto que define al proyecto de marras, fueron invitados jóvenes estudiantes del sistema de enseñanza artística del país, así como consagrados artistas cubanos: Niurka Reyes, Miguel Patterson, Lázaro Rivero «El Fino», Cuban Sax Quintet (integrado por maestros como Germán Velazco, Evaristo Denis, César López y otros), Miguel Ángel Rodríguez «Miguelón», Bobby Carcassés y muchos más.
La idea de segmentar temáticamente el programa escogido tuvo una especial importancia y un equilibrio muy bien logrado. Por una parte, el acercamiento musical a obras del compositor George Gershwin nos ofreció una exquisita aproximación morfológica que, tanto en la interpretación como en su aprehensión conceptual, mostraron las mejores luces de nuestra Sinfónica Nacional, dirigida por su director titular, el maestro Igor Corcuera.
La conocida Obertura Cubana, así como el estreno en Cuba de la Segunda Rapsodia –ambas brotadas del inagotable genio estadounidense– llevaron al éxtasis sonoro de una época grandilocuente, en la que el estilo compositivo de Gershwin es inconfundible, pues marcó no solo una etapa importante dentro del llamado, para algunos, sinfonismo jazzeado; sino que, precisamente, la conjunción de lo popular con el gran formato orquestal propuesto por él adquirió una especial relevancia.
La brillantez interpretativa de la gala fue un extraordinario viaje en el que cada artista y formato invitado sumó abordajes fuera de lo común para derrochar talento y audacia, como la actuación de Bobby Carcassés. El tema escogido fue Summertime, también de Gershwin, el cual Bobby conoce muy bien y que registró en un disco llamado Jazz Timbero, hace varios años.
Aquí convergieron dos formatos con gran simbolismo en el escenario y en el aspecto sonoro: de un lado la Sinfónica Nacional, y por otro, la Jazz Band del Conservatorio Amadeo Roldán, dirigida por el saxofonista Jorge Sergio Ramírez.
Esta mezcla instrumental puso a maestros y alumnos en un mismo plano y demostró el gran nivel de estos estudiantes que, pese a las carencias de instrumentos y accesorios por las que atraviesan nuestras escuelas de Música, se yerguen como profesionales a toda prueba.
En esta línea debemos destacar a la recién graduada María Claudia Soca, conocida como Soka, y a Bryan Suárez (aún estudiante de la Escuela Nacional de Música), quienes se crecieron en sus actuaciones, acompañados por la Sinfónica Nacional.
La presentación tuvo más artistas invitados, como Oscar Fuentes, el Coro Nacional de Cuba, Iván Luis Rodríguez y Samuel Formell; este último demostró nuevamente su virtuosismo en un mano a mano, en el cual hizo gala de su maestría en el timbal, faceta poco conocida por el gran público, pero que denota la solidez del afamado músico director de los Van Van.
Nuevamente, Nachito Herrera hizo posible la magia de la música y la solidaridad, la unidad entre los grandes y la nueva generación, y que el lenguaje sonoro no tuviera barreras para ninguno de los asistentes. El jazz, la canción, y Cuba en el centro, fueron motivos para celebrar esta gala, en la que el buen gusto y el amor a la Patria guiaron de principio a fin.











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Lazaro dijo:
1
29 de enero de 2026
09:40:40
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