ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Fuerza de trabajo. Foto: Marcelo Pogolotti

El algoritmo de internet siempre muestra tendencias: musicales, danzarias, de moda o de ideales. Dentro del último apartado, hay una que destaca, y que traspasa las plataformas digitales, para afectar el statu quo laboral en varias empresas y negocios.

La Quiet Ambition parece en principio un capricho de la joven generación laburante, pero su origen no hace más que rescatar las premisas de lucha que terminaron con la instauración del Día Internacional de los Trabajadores.

Quienes defienden esta tendencia argumentan que crecieron con la promesa de la flexibilidad laboral, y se toparon de frente con una hiperconexión que borró las fronteras entre la oficina y la vida laboral. Viven para trabajar, en lugar de trabajar para vivir. En redes sociales, miles de jóvenes deciden no normalizar la llamada esclavitud moderna como un estilo de vida aspiracional.

Cada Primero de Mayo recuerda que este tipo de conflictos tiene raíces profundas. Sin contar los siglos de luchas antiesclavistas, tenemos las múltiples protestas en demanda de ocho horas laborales en lugar de 12 o 16, y salarios dignos para sostener a las familias.

La huelga masiva en Chicago, en 1886, tras la que se reprimió con brutalidad a miles de obreros y obreras, y se asesinó a sindicalistas anarquistas, y los Mártires de Haymarket/Chicago definieron la imagen que instauró posteriormente su Día Internacional.

Aquella réplica social por no querer ser tratados como una pieza desechable de la maquinaria industrial sigue siendo el corazón de muchas de las quejas actuales.

Cuba, desde 1890, no estuvo exenta de esas luchas por una vida laboral digna, y así lo reflejaron sus artistas, quienes supieron captar la dureza del trabajo mecanizado previo a la existencia de los teléfonos celulares.

El poeta Regino Pedroso Aldama, quien desde los 13 años trabajó en una fábrica de acero y en talleres ferroviarios, se convirtió en el pionero de la poesía obrera en la Isla. En 1927, publicó su icónica obra Salutación fraterna al taller mecánico, con la que inauguró la poesía social de temática proletaria en su país. De él son también Five o`clock tea, Más allá canta el mar, Los Borgias y Nueva canción.

En sus versos, no maldice a las máquinas, sino que descubre dentro de la fábrica un espacio de resistencia, en el que los obreros soñaban con su redención o simplemente reflexionaban sobre las diferencias sociales. Su obra resuena con esa búsqueda actual de no ser aplastados por un sistema que valora productividad sobre persona.

Por otro lado, en la imagen, destaca el pintor Marcelo Pogolotti, a principios del siglo xx. Influenciado por el futurismo y las vanguardias europeas, decidió hacer de los obreros el centro de su lienzo. Mostró la soledad y la dureza del trabajador común en paisajes industriales fríos y deshumanizados. Ejemplo de ello es su serie Nuestro tiempo (1931).

En el óleo Fuerza de trabajo, el artista de la plástica logra una síntesis perfecta de la energía obrera, la explotación capitalista, y la potencia imparable de quienes sostienen la maquinaria industrial mundial.

Desde la música, válido es recordar el himno que se escucha en Cuba cada Primero de Mayo. Esa pieza musical fue compuesta, en 1961, por tres intelectuales cubanas: Iris Dávila, Ondina Díaz y Odilia Romero. Es un canto revolucionario que vinculó la creación artística con la militancia política y sindical.

En su letra, enaltece la unidad obrera y la defensa de la Revolución. La primera interpretación de la pieza tuvo lugar el Primero de Mayo de ese mismo año, durante el desfile. Desde entonces, se reconoce como un símbolo nacional de la jornada obrera y del propio Día Internacional de los Trabajadores.

Cuando un joven publica un video criticando la explotación laboral o se niega a sacrificar su tiempo libre por un ascenso, está, sin saberlo, vinculándose a la línea de mensaje de los Mártires de Chicago, de las letras de Pedroso, de la fuerza visual de Pogolotti, porque el arte es una forma de confrontación que antecede a los algoritmos.

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