
Durante los primeros años de la República, solo en La Habana circulaban 21 periódicos, con una tirada diaria que superaba los 220 000 ejemplares, y 28 revistas. En un mercado tan competitivo, el surgimiento de una nueva publicación podía parecer un riesgo. Sin embargo, una revista en particular logró abrirse espacio y convertirse en un parteaguas para el diseño gráfico y el periodismo cubano: Social.
El magazine, fundado el 25 de enero de 1916, gracias al caricaturista Conrado W. Massaguer (1889-1965), se propuso desde su primer número «describir en sus páginas, por medio del lápiz o de la lente fotográfica, nuestros grandes eventos sociales, notas de arte, crónicas de moda (…)». Su apuesta fue también tecnológica: la primera publicación del mundo completamente cromolitografiada.
Si las portadas estuvieron protagonizadas a menudo por retratos femeninos –las célebres Massa-Girls– se debió a la voluntad expresa de Massaguer de invitar a las mujeres a colaborar con Social. Se podrían mencionar, al menos, más de 50 cubanas, tales como Luisa Pérez de Zambrana, Dulce María Borrero, María Villar Buceta, Natalia Arostegui y Ofelia Rodríguez Acosta.
El volumen Damas de Social (Nancy Alonso y Mirta Yáñez, 2018) documenta la repercusión. En una carta a Emilio Roig de Leuchsenring –director de su sección literaria–, la premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral elogió la presentación artística de Social como lo más cabal y depurado del ámbito hispanoamericano. No es casual, entonces, que entre sus colaboradores figuraran otros cinco Nobeles de Literatura y uno de Medicina.
Jorge R. Bermúdez, investigador y ensayista, valora que las portadas de Social se diferenciaban de otras obras de Massaguer –como Carteles, Gráfico o Pulgarcito– por su equilibrio entre «contenidos escriturales y los propiamente visuales (fotos, reproducciones de obras de arte, ilustraciones, caricaturas, anuncios, etcétera) con una dinámica compositiva y tipográfica ejemplar (…) ejemplos de originalidad y buen gusto, sin desatender las influencias de la vanguardia gráfica y plástica internacional».
De igual modo, es meritorio mencionar el sinnúmero de poetas y escritores noveles cubanos que se dieron a conocer en sus páginas: José Zacarías Tallet, Miguel de Carrión, Rubén Martínez Villena, Jorge Mañach, Alejo Carpentier y Juan Marinello.
Las críticas de Massaguer a la dictadura de Gerardo Machado lo llevaron al exilio e irrumpieron la publicación entre 1933 y 1935. Un segundo periodo, de 1935 a 1938, no logró recapturar el esplendor inicial: los tiempos habían cambiado.
A Massaguer –cuyo nombre figura en el Salón de la Fama del Diseño Gráfico de Nueva York– se le deben también la organización del primer Salón de Humorismo de Cuba y el libro de caricaturas ¿Voy bien, Camilo? (1959), su último trabajo, dedicado a los protagonistas de la Revolución.
Según relata Bermúdez, el caricaturista Juan David, antes de salir de Cuba como agregado cultural, visitó a Massaguer en su casa. Allí, el viejo maestro, enfermo, le confesó su sueño de reeditar Social. «Con ese sueño –señala Bermúdez– murió el 8 de octubre de 1965, a los 76 años».
De publicarse Social, a 110 años de su fundación, seguiría siendo un referente vanguardista. Su digitalización y difusión es, por todo lo que representa, una deuda cultural que urge saldar.











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Angel Alberto dijo:
1
27 de enero de 2026
23:11:37
Grisel dijo:
2
9 de marzo de 2026
08:07:33
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