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La cruda escena en la cual los leones del Coliseo arrancan al bebé de los brazos de su madre cristiana para devorarlo. Foto: Fotograma de la Película

La película polaca Quo Vadis (2001), cuyo aniversario 25 recordamos, fue la última realizada por uno de los más eclécticos y solventes directores de dicha filmografía: Jerzy Kawalerowicz, quien fallecería en 2007, tras dejar una obra compuesta por 16 largometrajes, iniciada en 1952 mediante Gromada.

Esta superproducción –la cual toma cuerpo de la famosa novela homónima publicada en 1905 por Henryk Sienkiewicz, Premio Nobel de Literatura– no intenta una versión libérrima, ni siquiera tangencial, de las letras firmadas por gran narrador. Al contrario, el guion se ciñe de forma bastante fiel al original en su abordaje.

El relato fílmico, como el original literario, inserta los amores del oficial romano Marco Vinicio con Ligia, una joven rehén del imperio, en tanto rampa de lanzamiento dramática para zambullirse en esa incierta época peninsular, marcada por la cacería de los cristianos por parte de Nerón, e igualmente definida por el propio fin del tirano.

Uno de los mayores aciertos de Kawalerowicz es, justamente, graficar en pantalla los crímenes de Nerón contra la comunidad cristiana, hacia la cual descargó toda su furia, sin causa alguna, solo como mero chivo expiatorio o pretexto para desviar la opinión pública del incendio que él provocara en Roma.

La escena en la cual los leones del Coliseo arrancan al niño pequeño de los brazos de una fiel para devorarlo es una de las más fuertes y mejor filmadas durante este siglo en la pantalla mundial. Ninguna superproducción histórica norteamericana ha llegado a este punto de crudeza, a excepción de La pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004). Curiosamente, el patrón observado por Kawalerowicz en esta su última película fue el hollywoodense.

Al realizador polaco, bastante versado en la ejecución de piezas de gran tonelaje –pues de su firma también es Faraón, de 1966; y antes, Madre Juana de los Ángeles, de 1961– no le faltó presupuesto para rodar Quo Vadis, perteneciente a un tipo de cine muy caro, debido a su demanda de recursos técnicos.

Fue apoyado por varias casas productoras, así como por la cadena de cable estadounidense HBO, creadora de Roma, afortunada teleserie sobre los días del imperio.

Tal disposición de medios se advierte, principalmente, en los decorados y en las secuencias de masas con múltiples extras reales, pues por fortuna todavía no se había entronizado la época del CGI (imágenes generadas por ordenador), causante de los funestos monos y tiburones digitales de Gladiador 2 (Ridley Scott, 2025), y de tanto artificio del cine actual.

De Quo Vadis, la novela de Sinkiewicz, han sido adaptadas cinco versiones a la pantalla; la primera de estas en la Francia de 1901. Ninguna fue una obra maestra. Suele recordarse la de 1951, en Technicolor y Cinemascope, a manos del realizador estadounidense Melvin LeRoy, protagonizada, sin muchas ganas, por Robert Taylor y Deborah Kerr, pero con un Peter Ustinov magno como Nerón.

La del director de La muerte del presidente (1977), Austeria (1983) y El rehén de Europa (1989), que comentamos hoy en Apuntes de Cine, constituye, por mucho, la mejor de todas, sin llegar a considerarse por ello una pieza excepcional.

La Quo Vadis de Kawalerowicz resulta injustificadamente extensa (dura dos horas y cincuenta minutos), reiterativa, las actuaciones resultan bastante desparejas y a ratos sobrevuela sobre sus fotogramas una gelidez que amodorra su dinámica narrativa.

No obstante, se trata de una pieza para ver, valorar y atesorar en la memoria fílmica, cuya vigencia política es absoluta, tal cual estamos viendo en un actual orden mundial en el que el imperio estadounidense es incluso más irracional, bélico, lunático e insensato que el romano en los días de Nerón.

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