ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
No es estatua: es la juventud que hoy empuja el país. Los camagüeyanos lo saben, por eso no pasan de largo: levantan la vista y siguen, porque el Mayor ya va delante. Foto: Rodolfo Blanco Cué

Hay fechas que no pasan por alto y el 11 de mayo es una de ellas porque en Camagüey —y en Cuba entera— no se olvida el día en que el Mayor, con 31 años apenas, se hizo inmortal. Y no es retórica. Es que hay hombres que se mueren solo de cuerpo, pero su espíritu se les queda suelto por los caminos, y al paso de los años, de los siglos, terminan montando de nuevo a caballo.

Lo vemos hoy, desde este 2026, y nos parece increíble: un abogado de veintiséis años, recién casado, hijo de familia rica, que lo deja todo para meterse en una guerra que nadie daba por ganada. Cualquiera diría que estaba loco. Pero no. Tenía la claridad de quien supo leer a su tiempo. Supo que Cuba lo necesitaba, y allí estuvo para plantarle cara al imperio de su época.

No se trataba solo de empuñar un machete. Agramonte era abogado, pensador, constituyente. Redactó la primera Constitución de la República en Armas. Defendió la abolición de la esclavitud con la misma fuerza con que cargaba contra las columnas españolas. Y mientras tanto, le escribía cartas a Amalia. Cartas que aún nos llegan el alma: «Solo por ti, siempre por ti». Amoroso, sí. De esos que no convierten el compromiso en olvido, sino en la razón más profunda de lucha.

Los camagüeyanos lo saben mejor que nadie. Por eso, cuando alguien dice que es agramontino, no está hablando de un simple gentilicio. Ser agramontino entraña un modo de actuación que cree en la honradez, en el estudio, en el coraje sin pose. Significa reconocer un hombre que a los 31 años ya había participado en más de cien combates —cien, nada menos— y realizado servicios extraordinarios a la causa independentista.

Y aquí, en el presente, esa imagen no es reliquia de un museo. Es más bien un espejo. ¿Cuántos jóvenes hoy, frente a las dificultades enormes del bloqueo, el desgaste diario, se parecen a ese modelo? Son ellos lo que sostienen el país. Los que estudian, los que crean, los que montan a caballo frente a la adversidad o se sientan frente a una computadora con el mismo espíritu de servicio.

Porque Agramonte no nos pide que cojamos un fusil. Nos pide que no seamos indiferentes ante la injusticia. Que peleemos con inteligencia las batallas de hoy con la misma vergüenza que él, sí, con la vergüenza, esa palabra exacta que él usó cuando alguien le preguntó con qué contaban para seguir la lucha.

Así lo vemos, en este aniversario, es el muchacho que se impuso a la muerte. La prueba está en su parque, en Camagüey. Ahí permanece el jinete, con la espada alzada y la mirada fija. No es una estatua. Es el vigía del presente.

Los camagüeyanos pasan y levantan la vista. Saben que ahí, en esa figura ecuestre, cabalga el paradigma, el joven que supo que su patria lo necesitaba, y no se hizo esperar. Porque él no es orgullo de museo: es memoria hecha futuro. Mientras haya un muchacho con la vergüenza alzada y el corazón fuerte y tierno a la vez, para seguir empujando un país, el Mayor no ha caído. Sigue cabalgando en su llanura, en su isla.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.