Inversiones vitales para la humanidad carecen de financiamiento oportuno y suficiente; sin embargo, los gastos militares en el planeta ascendieron a cerca de 2,9 billones de dólares en 2025 y podrían seguir creciendo.
La Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo reconoció el año pasado que «los avances en el logro del desarrollo sostenible en sus dimensiones económica, social y ambiental están gravemente desencaminados», a pesar de los compromisos de la Agenda 2030, aprobada en 2015.
Bajos los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el foro advirtió que la brecha entre las aspiraciones y la financiación para alcanzarlas continuó ampliándose, y el déficit alcanzó ya la cifra estimada de cuatro billones de dólares al año.
O sea, no hay suficiente disponibilidad de dinero para proveer alimentos, atenciones médicas, agua, saneamiento, educación, electricidad y vivienda digna a millones de habitantes, o a fin romper los entramados de la pobreza estructural o mitigar el cambio climático.
No obstante, el gasto militar subió por onceno año consecutivo, al sumar 2,887 billones de dólares, equivales al 2,5 % del Producto Interno Bruto mundial de 2025, reveló el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri, por su sigla en inglés), en un informe dado a conocer el pasado mes de abril.
Pese a un ligero descenso, Estados Unidos continuó en la punta, con 954 000 millones de dólares, lo que representó alrededor de un tercio del monto global. Se ubicaron a continuación China (unos 336 000 millones) y Rusia (190 000 millones), detalló el Sipri.
En su conjunto, las erogaciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) –la mayor agrupación bélica del orbe– llegaron a los 1,581 billones de dólares, para el 55 % del total.
Teniendo en cuenta las guerras en curso, las disputas comerciales, la incertidumbre geopolítica y los planes de inversiones militares a largo plazo, «esta tendencia al alza seguramente continuará en 2026 y más allá» razonó Xiao Liang, investigador del Sipri.
«No se trata solo de armas y guerras, es algo que tendrá efectos profundos en todas las sociedades», observó el analista al considerar la posibilidad de nuevos recortes de servicios sociales y en la cooperación internacional por la vía de la ayuda oficial al desarrollo.
Evaluaciones de la ONU corroboran que el declive de la asistencia oficial y el encarecimiento de los préstamos –por el cobro de onerosos intereses–, perjudican en particular a los países de renta baja y mediana.
A esta altura hay 54 Estados —donde viven 3 400 millones de personas— que destinan más recursos al servicio de la deuda que a la salud o la educación, indicaron cálculos de ONU Comercio y Desarrollo (Unctad, por su acrónimo en inglés).
«Estas presiones han restringido la inversión pública, limitando la capacidad de los países para financiar el crecimiento, fortalecer la resiliencia y alcanzar el desarrollo sostenible», apuntó la Unctad.
Al respecto, el Informe Mundial sobre Crisis Alimentarias 2026 alertó que «los niveles de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición siguen siendo alarmantemente altos y profundamente arraigados».
En su décima edición, el estudio mostró que el hambre aguda se duplicó en la última década, afirmaron los autores del documento, integrantes de una red global, compuesta por instituciones de la ONU, la Unión Europea y otros socios.
Según la pesquisa, «los conflictos siguen siendo la principal causa de la inseguridad alimentaria aguda y la malnutrición que sufren millones de personas en todo el mundo», declaró el secretario general de la ONU, António Guterres, en el prólogo del texto.
Los pronósticos para el futuro inmediato tampoco resultan favorables. «Es probable que los conflictos en curso, la variabilidad climática y la incertidumbre económica mundial –incluidos los riesgos para los mercados alimentarios– mantengan o empeoren las condiciones en muchos países», vaticinó el examen.
Otro hecho preocupante, agregó, «es la drástica disminución de la financiación humanitaria y para el desarrollo destinada a las crisis alimentarias. Los fondos para la respuesta a las crisis alimentarias, así como para la seguridad alimentaria y la nutrición, han retrocedido a niveles no vistos desde hace casi una década», remarcó el escrito.
Entonces, ¿cómo entender que en un solo año se desperdicien casi 2,9 billones de dólares en gastos militares? Con apenas una parte de esa enorme fortuna, podrían ejecutarse importantes inversiones en favor del bienestar humano en la Tierra.
La aritmética es elemental, y los problemas de este mundo no se van a resolver por la vía de las locuras bélicas.













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