ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
María Teresa Linares, de extraordinaria contribución a la cultura cubana. Foto: Pastor Batista Valdés

Coincidí con ella en la entrada del Aula Magna del Colegio de San Gerónimo, una cálida tarde en que se celebraría allí el acto por los 15 años de la Fundación Fernando Ortiz, de la que era vicepresidenta, y presidía –y preside– el poeta y etnólogo Miguel Barnet. Tendría ella unos 90 años.

Despacio y con andar elegante, fue a pasar y, en la puerta, un joven custodio la detuvo. –Su invitación, por favor. En un segundo pude ver su rostro cuando, sin muestras de enfado ni aires de superioridad, se disponía a decirle algo. En el mismo segundo, hablé yo. –Ella es la doctora María Teresa Linares, musicóloga de reconocido prestigio, y personalidad de honor en este acto. El joven le ofreció disculpas. La dama me sonrió y siguió adelante.

Hay personas que no se conocen lo suficiente, personas de las que todos debieran saber, por la consagración de su vida y por la utilidad de su entrega. María Teresa Linares –nacida el 14 de agosto de 1920 y fallecida el 26 de enero de 2021, hace ya cinco años– sí que es distinguida y dueña de un nombre que engrosa el caudal meritorio de la cultura cubana; sin embargo, mucho mayor es su contribución al estudio y la divulgación de la música cubana, pues no le fue suficiente llegar hasta el tuétano de sus tonadas y ritmos, sino que, enamorada de ella, quiso difundirla por lo que indagó en sus orígenes, sistematizó sus rumbos, escribió lo hallado, ofreció conferencias, impartió talleres, confeccionó antologías, dirigió instituciones, mereció premios y ganó la celebridad entre los grandes y ante su pueblo.  

De niña estudió piano y cursó estudios en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana, el actual Conservatorio Amadeo Roldán, y se licenció en Estudios Cubanos. «Fui aficionada a la música desde que nací y no lo hubiera sido a ninguna otra arte», dijo, incluso siendo amante de otras ramas del saber que también la sedujeron, «pero la música para mí es principal, es lo que me permite, a mi edad, seguir trabajando cada vez que se me llama y con ello soy muy feliz», aseguró en una entrevista en la que dejaba claro cuáles fueron sus primeras y definitivas inclinaciones. 

La Isla le debe la creación de la primera Antología de Música Afrocubana, recogida en nueve discos a cargo de la Egrem, así como los textos de Viejos cantos afrocubanos, volumen I y Oru de Igbodu, volumen II. Por más de diez años dirigió el Museo Nacional de la Música y condujo a los investigadores del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, a los primeros estudios prácticos de campo.

Títulos como La música y el pueblo, de Editorial Pueblo y Educación; y El punto cubano, de Editorial Oriente, entre un gran número de artículos y conferencias, llevan el crédito de esta incansable cubana de la que muchas personalidades han expresado hermosas referencias.

«No hay palabras para describir tanta virtud en una mujer dedicada a investigar profundamente y a defender a capa y espada las tradiciones, que a través del tiempo han sido una escuela para las nuevas generaciones», avaló la cantante María del Carmen Prieto; mientras que otra de nuestras voces, la cancionera Ela Calvo, la consideró un ser humano increíble.

Inseparable de su nombre es el del acucioso investigador Argeliers León, su compañero en la vida, con quien compartió también la pasión por el sondeo en derredor de la música. Argeliers ganó el apelativo de Padre de la Musicología Cubana, al ser el fundador, en el Instituto Superior de Arte, de la Cátedra de Musicología.

Con Argeliers fundó una familia, y siguió acompañándola, incluso después de que falleciera en 1991, dada la complicidad de estos dos seres movidos por semejantes desvelos. «Argeliers está todavía a mi lado orientándome; lo que trabajamos, investigamos y compilamos me permitió aprender mucho de él», expresó en una ocasión.

En 2020, Cuba la vio cumplir cien años, orgullosa de haber tenido una hija brillante y afanosa, dispuesta a ofrecer su talento a plasmar para la posteridad parte de la historia musical cubana.

Premio Nacional de Música 2006, Premio Nacional de Investigación Cultural, Premio Internacional Fernando Ortiz, Maestra de Juventudes, y merecedora de la Orden Félix Varela de i Grado, María Teresa es gentileza y prestigio, ascendencia para los que, como ella, habrán de encargarse de que nuestra distinguida música siga brillando en las letras que la escriben, la explican y la divulgan.   

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guillermo vilar dijo:

1

27 de enero de 2026

09:45:42


Hermosa crónica. Muy merecida.Era una persona encantadora que cuando hablaba tenía el encanto de compartir su sabidudría con una familiaridad y gentileza extrema.