Durante décadas, a algunos les costó comprender cómo Pelusín del Monte –ese niño de cara redonda, ojos verdes y cabellos rubios– pudo convertirse en símbolo del humor criollo y la tradición guajira de la Isla. Otros, incluso, tildaron de racista a Dora Alonso, su creadora, lo que pudo haber alejado al títere de la televisión en los años 60.
Pero ambos, el personaje y su artífice, jamás se desvincularon de la cubanía, y, contra todo intento de restársela, Pelusín del Monte –que cumplirá 70 años este 2026– ha devenido arquetipo de lo autóctono en la Isla.
Un conversatorio sobre el Títere Nacional, celebrado en el marco de la Jornada Villanueva, fue la primera acción realizada por el Consejo Nacional de las Artes Escénicas para homenajearlo. Esto coincide con la proclamación de 2026 como Año de Pelusín del Monte, por el Centro Cubano de la Unión Internacional de la Marioneta.
El panel, integrado por Rubén Darío Salazar, actor y director de Teatro de Las Estaciones; Julio Cordero Pinero, maestro titiritero frente al grupo teatral Barco Antillano; y Erick Mota Pérez, escritor y director de la editorial Gente Nueva, debatió la trascendencia del personaje desde su creación en 1956.
Darío Salazar recordó que su estética, diseñada por Pepe Camejo para el Guiñol Nacional de Cuba, provino de los campesinos asturianos entre los que creció Dora Alonso.
Entre 1961 y 1963, se estrenó en televisión con cerca de cien emisiones. Junto a su abuela Pirulina –mujer amorosa que lidia con las travesuras de su nieto–, se sumaron otros personajes como Tontolina, Gelasito, Bebita y las primeras figuras zoomorfas (que combinan rasgos humanos con características animales) de la escena titiritera cubana: el gato Chilingo y el caballito Trotón.
El también Premio Nacional de Teatro 2020 resaltó la labor del marionetista Pedro Valdés Piña, quien llevó a Pelusín al espectáculo Juegos titiritescos de Cuba, en los años 70, así como los esfuerzos de Cordero Pinero, una década después, con la serie televisiva Mi amiga Dora.
Asimismo, prosiguió, es vital recordar al dramaturgo Freddy Artiles Machado –a quien se le dedica la Jornada Villanueva– porque, tras larga insistencia e investigación, logró su nombramiento oficial como el Títere Nacional de Cuba.
Por su parte, el director del grupo teatral Barco Antillano aludió a la importancia de la serie Despertar con Pelusín (la cual también alcanzó el centenar de capítulos), surgida en 2008 como una pequeña sección dentro de la Revista informativa Buenos Días. En esa etapa, los derechos sobre el personaje fueron cedidos por su autora, lo que permitió nuevas recreaciones del «niño guajiro» por dramaturgos más jóvenes.
«A pesar de la muerte de Freddy –intervino Rubén–, el títere siguió vivo. Hemos tratado de defender su naturaleza y sus valores: el amor, la amistad, la solidaridad y el sentido de la Patria. Dora, la cubanía y Pelusín tenían un pacto muy peculiar, más allá de cualquier eslogan o refrán».
Dora Alonso fue de las autoras más vendidas por Gente Nueva en la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, reveló el director de la editorial. Eso demuestra que «muchos jóvenes sí leen y mantienen intacta su cubanía».
Antes de concluir, enfatizó en la necesidad de honrar el legado del personaje desde reels y otros formatos multimediales; porque ahora, más que nunca, culturas ajenas inundan los ecosistemas digitales «y Cuba tiene que estar ahí. ¿Quién mejor que Pelusín del Monte para representarla?».











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Lucy dijo:
1
25 de enero de 2026
12:46:43
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