Cuando se habla de la canción We are the world, los primeros nombres que nos vienen a la mente son los de Michael Jackson y Lionel Ritchie, sus autores. Sin embargo, entre los 45 músicos que pusieron sus voces para esta icónica pieza, está el cantante Harry Belafonte, destacado luchador por los derechos civiles en los años 60, amigo personal de Martin Luther King Jr., y acerca de quien Bob Dylan ha declarado que «era un hombre con ideales, y te hacía sentir como parte de la raza humana».
Precisamente, a esta personalidad de la canción en Estados Unidos –aunque lo veamos, humildemente, entre los que participan de los coros en la canción– se debe la idea de convocar a los músicos más famosos de mediados de los 80, para grabar una canción benéfica, cuyos fondos sirvieran para paliar la hambruna que había por aquellos años en países africanos, como Etiopía.
Múltiples son las miradas que se desprenden de esta canción, y quizá la más importante sea la de permitirnos compartir una gratificante sensación de unidad. La provoca la reunión, por primera vez en un estudio, de tantas figuras, cada una de las cuales representaba en sí misma una personalidad indiscutible dentro de su propio género.
Para el cantante Steve Perry, estar cerca de Michael Jackson en el momento en que este grababa su parte fue como un sueño; mientras que Billy Joel recuerda que ver a Ray Charles entrar al estudio supuso algo así como encontrarse con la Estatua de la Libertad. Por otro lado, Dylan estuvo casi hasta el final de la sesión, porque no le salía bien el fragmento que le tocaba, hasta que Stevie Wonder le orientó cómo hacerlo.
Por supuesto que la grabación, que comenzó a las diez de la noche del 28 de enero de 1985 y se extendió hasta altas horas de la madrugada (se publicó el 7 de marzo del mismo año), tuvo otros momentos muy emotivos, como aquel cuando, espontáneamente, entre todos los participantes decidieron homenajear a Belafonte, al cantar su éxito de los años 50, Banana Boat; o cuando Lionel Ritchie se encontró con Janet Jackson, sentada en el piso, llorando, porque no quería que este increíble encuentro llegara a su fin.
En nuestro acercamiento a otras de las miradas sobre We are the world, coincidimos con Bruce Springsteen en cuanto a que «ni siquiera era una canción que pretendiese criticar las políticas que habían provocado la hambruna. Era, simplemente, una bonita canción solidaria y, como tal, la recibieron los millones de personas que compraron su copia».
No obstante, a 40 años de esta emblemática canción, nos parece un bochornoso insulto a la condición humana que se dediquen miles de millones de dólares a la compra de armas para la guerra, con tantas necesidades apremiantes que persisten en estos tiempos; las suficientes como para preguntarnos de cuántas We are the world requeriríamos para conmover sensibilidades y alcanzar un mundo mejor para todos.











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Luis Guillermo dijo:
1
7 de marzo de 2025
13:30:15
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