Toda persona medianamente informada sabe que Stevie Wonder representa el nombre no solo de una de las principales figuras de la música contemporánea en Estados Unidos, sino, igualmente, a nivel mundial.
Poseedor de la respetable cifra de 25 premios Grammy a lo largo de su trayectoria como cantante, compositor e instrumentista, él mismo se reconoce, sin embargo, como «el artista Stevie Wonder, pero también soy Steveland Morris, un hombre, un ciudadano de este país y un ser humano».
El inicio de sus actividades a favor de los derechos de la población negra en la nación norteña datan desde hace más de 40 años, cuando al grabar su composición Happy Birthday, dedicada al natalicio del asesinado líder de los derechos civiles Martin Luther King Jr., el impacto alcanzado por esta canción resultó decisivo para que el tercer lunes de cada mes de enero se llegara a convertir en un día feriado en Estados Unidos.
Más acá en el tiempo, Wonder no deja de expresar su apoyo al movimiento social Black Lives Matter, en la canción Can't put it in the hands of the fate, al responderles a los que están hartos de las protestas en contra de la violencia racial, «que este es un asunto que no se puede dejar en las manos del destino».
Aunque no lo ha llevado a cabo, es un hecho que piensa radicarse con su familia permanentemente en Ghana: «No quiero que los hijos de mis hijos –expresó en una entrevista– tengan que decir: “Oh, por favor, quiéreme. Por favor, respétame, por favor, sé que soy importante, por favor, valórame”. ¿Qué es eso?».
Antes, intentará que Estados Unidos sonría. Bajo estos vientos que soplan, el autor de clásicos como My cherie amour y de I just called to say I love you, acaba de hacer otra canción de amor, pero, en esta ocasión, para el país que le viera nacer. En ¿Can We Fix Our Nation’s Broken Heart?, nos entrega una dramática reflexión sobre una nación que se encuentra envuelta en dolorosos conflictos y sin perspectivas de entendimiento.
Para alcanzarlo, Wonder se apoya en la compasión, en sentimientos de amor al prójimo, despojados de toda carga de odio y negatividad, que ayuden a vislumbrar la presencia de otros caminos posibles de cómo vivir en armonía. La gente se empuja, grita y lucha a través de la neblina / Y toda esta tristeza, locura, ayúdenme a alejar el dolor / Tiene que cambiar / Esto no puede seguir igual / Así que díganme, por favor, / ¿Podemos arreglar el corazón roto de nuestra nación? El desgarramiento reflejado en el texto es su urgente llamado a la convivencia, aliento que debería ser tenido en cuenta por las hijas y los hijos del noble pueblo estadounidense.











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