«Libros, lápices, bolígrafos, el teclado de la computadora y, por supuesto, noticias, mensajes, llamadas telefónicas y mi mascota Tica son los acompañantes indispensables en mis días». Así describía Julia Calzadilla su vida actual, en una entrevista realizada por este medio hace apenas unos meses, y así fue hasta su partida física, ocurrida en la mañana de este 26 de abril, a la edad de 81 años.
La poetisa, traductora, narradora, investigadora y egiptóloga es considerada una de las figuras intelectuales más heterogéneas de su época. Su diversidad de facetas la llevó a formar parte de distintas instituciones, tanto dentro como fuera del país, entre las que destaca la International Association of Egyptologists de Reino Unido, en la que representó a Cuba desde el año 2002. Además, formó parte del Equipo Científico Osiris, en España, así como de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), y de la Asociación Cubana de Traductores e Intérpretes (ACTI).
Su amor por la literatura fue perceptible desde muy niña, no solo mediante la lectura, sino que desarrolló, tempranamente, la curiosidad por la escritura, y afirmó escribir poemas y cuentos cortos desde la infancia, pasión que fue creciendo con el paso de los años, hasta que se convirtió en una reconocida escritora de ambos géneros.
Fue principalmente la literatura infantil la rama que motivó en disimiles ocasiones a Julia. Su obra Los Chichiricú del Charco de la Jícara (1988) gozó, desde el principio, de popularidad entre los lectores infanto-juveniles, lo cual hizo que la escritora fuera galardonada en 1984 con el Premio Casa de las Américas en la modalidad de literatura para niños y jóvenes, reconocimiento que ya había recibido antes, en el año 1976, por su libro Cantares de la América Latina y el Caribe.
Más de 30 libros dejó Calzadilla a los lectores cubanos, y recibió decenas de premios literarios y científicos durante su labor en diversos ámbitos. Todo esto, combinado con una labor incansable en la docencia. Profesora por naturaleza, dedicó su vida a cultivar, mediante ensayos e investigaciones, algunas áreas tan recónditas para esta parte del mundo, como, lo fue la egiptología.
Distinciones como Gitana Tropical (2002), de la Dirección Provincial de Cultura de La Habana, y el Premio Astrid Lindgren (2014), en la rama de literatura infantil y juvenil, otorgado por la Federación Internacional de Traductores (FIT), son solo algunas de las alcanzadas durante su carrera.
Para la intelectual, la vida era calma, apreciaba los detalles minuciosos de cuanto pasaba a su alrededor, y aseguraba que eso era lo verdaderamente bello, lo que mantenía alegre sus días. Escribió a los hijos que nunca tuvo, deseó la paz en cada rincón del planeta, y hoy, luego de su partida física, solo queda recordarla como lo que fue, una mujer de ciencias y cultura, que deja como legado lo mejor que tuvo: su obra.











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Maria Chaves dijo:
1
28 de abril de 2024
07:20:02
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