ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Fotograma de la serie

Que una madre mate al padre de su hija, abandone a esta en un orfelinato, y al cabo de 17 años, cuando se halla a punto de pasar página al pasado, haga todo lo posible por reconectarse con la muchacha, huele a rancio linaje folletinesco.

Pero esa es solo la capa externa de Club Estambul (2021), serie turca escrita por Necati Sahin y Rana Denizer, y desarrollada por Zeynep Günay Tan, una de las más experimentadas realizadoras audiovisuales del país mediterráneo.

La narración trasciende largamente los tópicos de las telenovelas turcas que han conquistado el mercado en la última década. Romance, amor y decepciones, como la vida misma, espantando, eso sí, a tiempo el despeñe melodramático; intriga, secretos y suspenso, como para enganchar al espectador con la pregunta: ¿Qué va a pasar? Personajes vigorosos que afloran en la pantalla doméstica con densidad dramática admirable.

Con tales elementos, Club Estambul cumpliría con el interés de una audiencia para la que el entretenimiento no tiene por qué transitar por fórmulas banales. Pero hay mucho más; Club Estambul saca a primer plano un momento convulso de la historia de Turquía, con sus luces y sombras, sus antecedentes y consecuencias.

En los años 50 del pasado siglo se quebró, de manera dramática, la convivencia, unas veces armónica, otras precaria, pero convivencia al fin, entre comunidades de diversos orígenes étnicos. Turquía, como república, era una entidad relativamente joven, fundada el 29 de octubre de 1923, e insertada en una dinámica geopolítica en la que hay que tomar en cuenta el pesado fardo del extinto Imperio Otomano y los intereses de las potencias europeas en el Cercano Oriente.

El fundador de la república, Mustafá Kemal Atatürk, dirigente nacionalista, quiso afirmar el carácter laico del naciente Estado, pero del dicho al hecho medió buena distancia. Muestra de ello fue la adopción de un abusivo impuesto diferenciado para los no musulmanes en noviembre de 1942. Ello explica la bancarrota en la miniserie de la familia Aseo, en la que entra a jugar, traicioneramente, el novio amante de la protagonista, que conduce a sus padres a un campo de trabajo para saldar la deuda impagable.

En los dos últimos capítulos de Club Estambul las calles de la antigua Bizancio hierven. ¿La fecha? 6 de septiembre de 1955. Hay que olvidar la falta de coincidencia cronológica entre la realidad y la ficción; lo cierto fue que ese día se desató una ola de violencia chovinista contra las comunidades griegas y judías, motivada por el atentado contra el consulado turco en la ciudad de Salónica. La verdad vio la luz muchos años después: el ataque fue autoprovocado por la ultraderecha a fin de exacerbar el más extremo nacionalismo.

La honestidad, el desgarramiento y la complejidad con que están contadas las historias de Matilde Aseo, su hija Rashel, y los personajes principales de la miniserie, y su imbricación con las coordenadas de un espacio que se concentra alrededor de la existencia de un centro nocturno, hacen de Club Estambul una obra atendible en muchos aspectos. Cómo no entender el viejo rencor de Celebi; el querer pasar por turco de Orhan, el dueño del club; las razones ocultas de los desenfrenos de Ismet, el taxista. Cada intérprete interioriza su condición con relevante autenticidad: Gökce Bahadir y Asude Kalebek, madre e hija; Firat Tanis como Celebi; Metin Akdülger como Orhan/Nikos; y un sorprendente Baris Arduc en Ismet.

Digo sorprendente porque del Arduc que solo sabe poner caritas en Te alquilo mi amor a este, se puede medir un giro de 180 grados. Igual, o mejor aún, sucede con el personaje más carismático y controvertido de la miniserie, Selim Songür, la estrella del club, megalómano, homosexual, sentimentalmente vulnerable, humanísimo. Al darle vida Salih Bademci, no solo consigue una memorable interpretación, sino que deja atrás a miles de años luz el insulso Sinan de una telenovela interminable. 

        

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Alberto Hernández Sánchez dijo:

1

30 de agosto de 2022

08:44:54


Bien. He visto esa telenovela y la vuelvo a disfrutar. Presenta actuaciones muy atendibles. Es excelente como los turcos saben ubicar los conflictos en su contexto histórico. Eso, debemos aprender. Incluso, manejar bien el lado hermoso de los galanes y las doncellas. Buena mirada la suya.

Sonnia Moro dijo:

2

30 de agosto de 2022

12:37:15


Excelente comentario. Creo que quienes siguen los audiovisuales turcos es un buen pretexto para infurmatse más de la compleja historia de ese pais, antes y después de proclamarse como República

Piconera dijo:

3

20 de septiembre de 2022

07:55:56


Sorprendida con las actuaciones de Baris Arduc y Salih Bademci un giro brutal y nada que ver con los personajes de "Te alquilo mi amor" una actuación sorpréndete de ambos me encantó y sobre todo Arduc capaz después de visto esto que es capaz de dejar atrás al dulce Omer y ser un actor camaleónico

Rosa María dijo:

4

9 de noviembre de 2022

23:24:48


No entiendo eso de que Baris solo pone caritas en Te alquilo mi amor, por favor, hay q ver El cuervo, Alparslan para ver que es un actorazo. Pero aún así, en su papel de Omer tiene un rosario de expresiones que van más allá de poner caritas