«Un sismo perceptible en el Occidente del país fue registrado a las 1:37 p.m., de 5.3 de magnitud, siendo una réplica del terremoto de 6.2 del pasado lunes 8 de junio», informó el Jefe del Servicio Sismológico Nacional, Dr. C. Enrique Diego Arango Arias.
De acuerdo con los datos ofrecidos por el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), el movimiento telúrico fue localizado a 98 kilómetros (km) al noroeste de la localidad pinareña de Mantua, a una profundidad de 10 km, siendo perceptibile en varias zonas de esa región del territorio nacional.
Igualmente se precisó que, en pleno Golfo de México, el terremoto tuvo su epicentro en los 22. 76 grados de latitud norte y los 85.10 de longitud oeste; sin reportarse, hasta el momento, daños materiales ni a la vida humana.
En lo referente al terremoto del 8 de junio, especialistas del Cenais señalaron que aconteció después de 1 098 días de reposo sísmico, liberando trenes de ondas elásticas que estremecieron edificios altos en el sur de La Florida, Cancún y en el Occidente de Cuba.
Aclararon que la dispersión de focos de los sismos históricos se debe en parte a la imprecisión del registro más antiguo, pero demuestra que no están vinculados a una sola fractura, sino a una variedad de estas, orientadas en distintas direcciones y también al hecho de que, en ocasiones, fueron registrados por una sola estación.
Esta sismicidad, denominada intraplaca, se ha desarrollado en un entorno donde se conocen una variedad de fracturas de la corteza terrestre -tanto antiguas como recientes-, que se activan debido a que todo el planeta está sometido a esfuerzos provocados por la acción de la gravedad, las mareas terrestres, los desplazamientos de las placas, y otros procesos que se desarrollan en el interior del manto terrestre.
Decir que un sismo es de intraplaca, pudiera generar un error de apreciación, pues, aunque los terremotos más frecuentes y destructivos ocurren a lo largo y en el entorno de los límites activos entre placas, no por eso se puede pensar que en las áreas del interior de una placa no hay peligro. Hay que enfatizar que en las placas, lejos de sus límites, la ocurrencia de sismos singulares destructivos en cualquier escenario geográfico, pueden estar asociados con alguna falla activa o con un volcán.
Los registros históricos permiten afirmar que algunos sismos muy dañinos, con magnitudes entre 5.0 y 8.0, se han detectado en el territorio de Cuba, aunque su peligrosidad depende no sólo de la magnitud y cercanía al foco, sino, sobre todo, de la vulnerabilidad de la infraestructura construida. Al respecto es importante destacar que la amenaza derivada de los terremotos incluye aquellos cuyos epicentros puedan estar situados a muchos kilómetros de distancia de nuestras costas, sobre todo si son de magnitud mayor de 6.
Las ondas elásticas generadas por estos sismos pueden provocar oscilaciones en los edificios altos, vibraciones de las paredes, caída y desplazamiento de objetos, y en extremo, derrumbes parciales o totales.
En ese sentido, se destacan los ocurridos en Haití 2010, que provocó oscilaciones en algunos edificios altos de Bayamo, y el de Islas Caimán 2020, que fue perceptible en toda la extensión de la Isla de Cuba.
El territorio cubano ha sido divido en tres regiones, de acuerdo al peligro sísmico: Oriental, Central y Occidental. La región Occidental (Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Mayabeque, Matanzas e Isla de la Juventud) que nos ocupa, presenta una actividad sísmica histórica mucho menor que el resto del país, pero no por eso está exenta de peligrosidad.
Al respecto, se destaca que desde el 11 de junio del año 2023, esta región se mantuvo en calma sísmica, pues ningún evento se presentó dentro de este territorio. Es menester reiterar que «la ausencia de actividad sísmica en esta región puede significar que se esté acumulando energía en el subsuelo, la cual puede llegar al punto de provocar un terremoto de gran magnitud, en cualquier tiempo futuro», enfatizó Arango Arias.













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