ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Comercialización de libros en la Feria del Libro de Camagüey. Foto: Miguel Febles Hernández

Dentro del sistema editorial cubano se inserta uno que el pasado 13 de agosto llegó a sus 20 años, el Sistema de Ediciones Territoriales (SET). La propuesta de que en todas las provincias se pudiera visibilizar el talento local, así como los contenidos propios de los diferentes puntos de la geografía nacional, escritos por autores de esos parajes, nació de quien le pidió al pueblo –del cual sería para siempre líder–, que no creyera, sino que leyera, convencido del efecto liberador de la lectura y del conocimiento.

La idea tuvo lugar en Expocuba. Fidel, reunido allí con los directivos municipales de Cultura, se refería a la necesidad de difundir las creaciones literarias, y comentaba que los nacientes escritores, al no tener la posibilidad de difundir su obra, podían ser absolutamente desconocidos. Pronto pidió saber cuáles eran los recursos que se precisaban para que cada provincia cubana tuviera su propia editorial. 

Llamado también Riso –a causa de las máquinas Risograph que fueron entonces instaladas–, el SET entró con paso firme al mundo de la cultura cubana, y hoy son 22 las editoriales que lo conforman.

No solo de inspiradoras cifras hablan estos 20 años de vida, sino que, en plenos días de pandemia, cuando el país se enfrasca en combatir la COVID-19, llegan buenas nuevas para estas casas «productoras» de literatura. Para revelarlas, y conocer más de cerca los rumbos de esa realidad cultural, Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro (ICL), tuvo a bien conversar con Granma

«Estas editoriales que han venido trabajando con un equipamiento no siempre idóneo, y reciben constantemente mantenimiento para poder publicar los libros, serán beneficiadas con nuevas máquinas Riso, para cada una de las provincias. El proceso de distribución está ahora mismo sucediendo. También se les está dando a las provincias el papel y los insumos que estaban atrasados en dos años, y lo que se está entregando cubre la mitad de la deuda actual. Se trabaja duro para cumplir lo que falta», explica Rodríguez Cabrera.

Sobre el proceso productivo en la Riso, el directivo señala que a la editorial «se le da el equipamiento para hacer el libro en esa pequeña industria. A diferencia de lo que sucede con los títulos que van a la gran industria, en estas el proceso comienza y termina en la misma editorial. Tienen guillotina, encuadernadora, impresora, todo. Con ellas no solo se han dado a conocer autores, muchos que han alcanzado renombre, sino que también se han formado editores, diseñadores, emplanadores. La diferencia con la gran industria es que en la Riso se hacen libros de pequeñas tiradas, y libros que no tengan más de 110 páginas, porque ese es el alcance de su máquina».

La Riso puede dar fe hoy de sus frutos. «En estos 20 años se han hecho alrededor de 4 300 títulos y 4 200 000 ejemplares. Alrededor de ­4 000 escritores han publicado sus obras; muchos de ellos, en más de una ocasión.

Algunas provincias tienen más de una editorial, el resto al menos una. De las 22, hay cinco que pertenecen a la ahs y se ubican en la Isla de la Juventud, Cienfuegos, Villa Clara, Holguín y Matanzas. En ellas, aunque pueden publicar autores establecidos, se priorizan a los autores más jóvenes».

El sistema no solo ha servido para hacer literatura pura de Cuba, refiere Rodríguez Cabrera, sino que «ha permitido demostrar el desarrollo de cada territorio desde sus publicaciones con investigaciones históricas, científicas y textos que han acompañado a los distintos géneros. Muchas de estas editoriales no tienen nada que envidiarle a una editorial nacional, porque hace cinco años se tomó la decisión de que, además de hacer las pequeñas tiradas, si una editorial tiene una propuesta de un libro contundente que puede ser de interés para el país, la Riso lo asume, aunque no lo imprima, porque sería una tirada grande, que se hace en la industria. Hoy el plan editorial nacional, que se hace en las grandes imprentas, tiene más de cien libros que son del plan especial, que son de estas editoriales. Pueden tener varios libros del plan especial y también de autores internacionales que han cedido los derechos y son de interés nacional».

El SET ha extendido su perfil. «Si bien mantiene su objetivo principal, también ha mejorado su diseño, ha ampliado la calidad, por eso hoy hay libros suyos que son premios de la Crítica, de Diseño del Libro, del Lector, y tienen un alcance que no habían tenido. Participa en concursos nacionales y ha obtenido notables reconocimientos.

Es evidente que en las más recientes tiradas se aprecia un aumento de la calidad. «Como promedio, todos los años en la Riso se hacen alrededor de 260 libros, y se busca celosamente la calidad. No quiere decir que en estos 20 años todos los libros que se han hecho sean imprescindibles, también se ha hecho libros que no merecían ser publicados, pero sí podemos decir que la mayoría de ellos ha contribuido a la cultura nacional con un perfil cada vez más amplio.

Sobre la promoción de estos libros y su presencia en la Feria Internacional del Libro (FIL) también abunda el directivo. «Aunque no lo suficientemente deseado, ha aumentado la promoción de estos libros, y aunque tienen presencia en la fil, sentimos que debe y puede ser mayor, en ella y en las provinciales». 

La estrategia de trabajo para garantizar la salud del set es defendida por el ICL. «No hay un año que no hagamos el taller territorial desde Guantánamo hasta Pinar del Río, para intercambiar experiencias, reconocer libros, sus diseños, el libro más integral. Hemos logrado que en esos talleres se actualicen los mejores resultados, por eso hoy está ese libro mucho más desarrollado. Ese intercambio ha permitido rectificar errores. Para hacer valoraciones colectivas hay que desprenderse un poco de la autosuficiencia, del “yoísmo”. Esos análisis nos sobrepasaron, ellos mismos pidieron esos encuentros, y hoy están los resultados».

Muchos de los libros con sello del set, son similares a los de las grandes editoriales. «Antes la cubierta del libro se hacía en la Riso, en blanco y negro. En los últimos años se ha logrado que apenas tenga diferencias con los que se hacen en la gran industria, porque la cubierta se hace en la poligrafía, a colores. Consiguen hacerle el “lomito” a los libros, aunque tengan pocas páginas, lo cual tiene una mejor presentación. El trabajo es manual y se le hace. En la gran industria, si no tiene más de 110 páginas, no se le hace lomo».

Parte de los 180 sellos que integran la industria editorial cubana, el set es de esas realidades que aportan una inestimable satisfacción. «Ese nicho que el sistema cubre no es posible cubrirlo con las editoriales nacionales ni con la gran industria. Un autor que empieza debe experimentar y ver la receptividad de su obra. Pensar que la gran industria pueda hacer 400 ejemplares y acabar con la Riso no es la idea. La Riso tiene su lugar, estuvo bien pensada y hoy es un orgullo su existencia. Forma parte del gran sistema editorial cubano. Siempre habrá nuevos escritores, y la Riso debe tener el gran mérito de ser el primer descubridor de esos talentos, que después son los grandes escritores del país».

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