ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Cartel del evento

Como todos los años, el Premio Casa de las Américas no solo está constituido por un certamen cuyos resultados se proclaman en ceremonia pública, sino que reserva la semana final de las deliberaciones para auspiciar una serie de conversatorios en donde salen a la palestra los más significativos temas y estilos de la creación literaria de una zona geográfica a la que pertenecemos por derecho propio.

El primero de todos correspondió a las diversas literaturas caribeñas contemporáneas y estuvo integrado por  Evelyne Trouillot (Haití), Margarita Vargas Canales (México) y Jesús David Curbelo (Cuba), miembros del Jurado en la categoría caribeña en francés o créole.

La primera afirmación que sobresalió durante las sucesivas intervenciones de los panelistas fue el hecho real de que no hay una literatura del Caribe, sino varias.  Cada una de las lenguas metropolitanas que, por ejemplo, se enmarcan en la región, han ido creando sus respectivos cuerpos literarios de gran envergadura hasta llegar a contar varios Premios Nobel como indican los casos de Derek Walcott,  nacido en la isla de Santa Lucía en 1930, y que recibiera tan alto galardón en 1992.  Aun antes, contamos con el de  Saint-John Perse, nacido en la isla de la Guadalupe (1887) y quien recibiera el Nobel en 1960.

Tras la introducción de Camila Valdés León, directora del Centro de Estudios del Caribe de la Casa, quien se desempeñara como moderadora del encuentro, el narrador, poeta y traductor cubano Jesús D. Curbelo centró su alocución en el factor lingüístico que, para él, es quien define el carácter literario de estas literaturas que se expresan en «lenguas prestadas».  Asimismo, afirmó sentirse parte de la tradición occidental sin apenas tener conciencia de ser caribeño. Luego ponderó la obra de los escritores cubanos Alejo Carpentier y Nicolás Guillén, cuya vocación antillana, como sabemos, alcanzó dimensiones excepcionales en su excelencia formal.

Por su parte, Margarita Vargas Canales resaltó que, en la vida intelectual mexicana se manifestó un interés por el Caribe, preferiblemente inclinado hacia el universo hispano que integran países como República Dominicana, Puerto Rico y Cuba. Así, valoró el aporte de estudiosos como el dominicano Pablo Maríñez, la haitiana Suzy Castor y la mexicana Laura López Morales, quien ha logrado estudios de alto nivel al poner su atención crítica en la obra del martiniqueño Édouard Glissant.  Finalmente se aproximó a autores multipremiados como Patrick Chamoiseau (Premio Carbet, 1990, y Premio Goncourt, 1992); Paul Niger, Raphaël Confiant, Sonny Rupaire, y las féminas Simone Schwart-Bart y Maryse Condé, profusamente laureadas.  Señaló la obra del guadalupeño Daniel Maximin, que junto a las de Glissant y Chamoiseau, apareciera en la colección Pasamanos del Fondo, Editorial de la Casa en 2002.

El nombre de Evelyne Trouillot está intensamente ligado al de su familia y, en particular, a la de su hermano Lionel, gran poeta y narrador contemporáneo. En este caso, la propia Margarita Vargas concluyó su intervención citando La memoria acorralada, de Evelyne Trouillot como un signo vital de la actual geopoética del Caribe. Al comenzar su intervención –traducida con eficacia al español por la joven Lisandra Carvajal–, las primeras palabras de la autora dieron la noticia de la muerte, ocurrida este 25 de enero, del poeta Georges Castera, amigo de Cuba cuya poesía marcó a toda una generación de escritores. Luego puso énfasis en la necesidad de huir de los estereotipos, en especial de los que trajo consigo el famoso seísmo de 2010, el cual, sin duda alguna, marcó la literatura haitiana: «Hemos querido librarnos de la mirada occidental sobre nuestra creación literaria», concluyó, y se refirió a la producción de escritores como René Philoctete y Frankétienne, nunca publicados fuera de Haití.

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