El cine también sirve para soñar, me asegura Musculito, teléfono mediante, después de quejarse de un Hércules descafeinado, visto recientemente en un filme exhibido en la televisión, otro más, desde que Steve Reeves le diera vida al personaje, hace 60 años.
–Aquella sí era una película, a pesar de sus escenarios de cartón –se exalta Musculito, y su concepto del «cine para soñar» se me aclara al vislumbrarlo, medio siglo atrás, tratando desesperadamente de inflarse bíceps y dorsales en el gimnasio, en medio del estrépito de las pesas y de los gritos con que solíamos darnos aliento para concluir en el banco del prom una carga a punto de aplastarnos.
–¿Hace cuánto de aquello Musculito?
–Mucho antes de ver por primera vez a Steve Reeves, pero él marcó la diferencia, el desenfreno.
El filme Las hazañas de Hércules se estrenó en 1958, aunque no lo vimos en los cines hasta principio de los 60, en una copia en blanco y negro que no permitía apreciar el Eastmancolor y el Dyaliscope, maestrías seductoras de la época.
Pero minucias técnicas para los jóvenes de entonces, empeñados en obtener un físico menos ingrato al otorgado por la madre naturaleza. Nadie, en el entorno del gimnasio, hablaba del director Pietro Francisci, ni de la historia, basada muy libremente en el poema Las argonáuticas, de Apolunio de Rodas, importante fuente para que Virgilio escribiera la Eneida. Tampoco nos interesaba el impulso que le daba el filme al género péplum, con sus temas sacados del clasicismo, ni la buena taquilla obtenida por la producción italiana, incluso en Estados Unidos.
Si acaso, traíamos a colación a Sylva Koscina y a Gianna Maria Canale, espectaculares en sus escotes y vaporosos ropajes, verdaderos mamíferos de lujo, según término acuñado por Fellini. Lo importante en el gimnasio era hablar de Steve Reeves, con varios triunfos en campeonatos internacionales de fisicoculturismo, derrochador él de los músculos por nosotros soñados, un actor con serias limitaciones dramáticas, pero capaz de exhibir sus atributos en verdaderas poses de competencia, ya fuera derribando las columnas a las que estaba encadenado, lanzando el disco ante la mirada incrédula de los contendientes, o rodeando con tendinosos brazos a su amada.
Hércules y Steve Reeves llenaron gimnasios ante el espanto de lo que estábamos dentro y veíamos cómo «los nuevos» llegaban arrolladores, dispuestos a acaparar las pesas y hacer suyos los aparatos destinados a convertirnos en poco tiempo en émulos del semidiós, hijo de Zeus.
–Nunca llegamos a ser como él, pero al menos lo intentamos –me dice un nostálgico Musculito al final de la conversación.
–Sesenta años de Hércules, Musculito, y aquí estamos a la misma edad en que Reeves murió.
–Yo a veces hago mis pesas –me confiesa él– pero suave, por los años. ¿Y tú?
–Planchas, Musculito, algunas planchitas de vez en cuando.











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jorge luis nuviola valdes dijo:
1
23 de julio de 2019
08:08:27
Salustiano Respondió:
23 de julio de 2019
09:40:07
arles dijo:
2
23 de julio de 2019
14:35:20
Cintia dijo:
3
23 de julio de 2019
23:00:01
rolando pérez betancourt Respondió:
24 de julio de 2019
07:44:50
Barbaro dijo:
4
24 de julio de 2019
15:33:29
Francisco Ruiz dijo:
5
24 de julio de 2019
19:25:22
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