Los archivos recogen que en 1934, nueve años después de haberse realizado El acorazado Potemkin, Joseph Goebbel se reunió con directores de cine de su país y los instó a producir «un Potemkin nazi».
¿Había visto Hitler la película?
Cabe pensarlo si se tiene en cuenta que, además de ser un amante del cine, Potemkin (1925) había sido estrenada en Berlín antes de que el führer y su camarilla se hicieran del poder y la condenaran a la hoguera.
De lo que si no cabe duda es que los nazis quedaron hasta tal punto impresionados con el filme dirigido por Serguéi Eisentein que quisieron uno igual para su causa, sin tener en cuenta el trance insuperable que arrastraría la empresa: Potemkin era no solo el reflejo de un mundo social nuevo en alza contra la opresión, sino también una revolución artística-cinematográfica ante la cual críticos y especialistas –a casi un siglo de ser creada la película– se siguen quitando el sombrero y considerándola entre la mejor de todos lo tiempos.
Eisentein reconocería que sin la Revolución bolchevique no hubiese sido cineasta y creó un tríptico monumental que sigue siendo material básico en cualquier escuela de cine: Huelga, 1924, Potemkin, un año después, y Octubre, estrenada en 1928.
Tras el triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, con una masa de analfabetos que rondaba el 80 %, a Lenin no se le escapó el alcance social del cine, «para nosotros la más importante de todas las artes». Se creó una escuela que bajo las máximas de «un cine revolucionario para la revolución» y «la experimentación como sistema» no tardaría en colocar al cine soviético en la vanguardia artística internacional, una vez superado el obstáculo de la guerra civil, extendida hasta el año 1921, pero que sirvió para ir afilando la mirada estética de cineastas que harían época, como fue el caso del mismo Eisentein, integrante del Ejército Rojo.
El concepto de que un nuevo estado socialista necesitaría de una visión artística signada en buena medida por la experimentación, resultó fundamental para lo que vendría en cuanto a ideas innovadoras y teorías cinematográficas que, entre otros aportes, incorporó el drama coral de las multitudes.
Ninguna obra cinematográfica ha causado tantas controversias políticas, sociales y estéticas como Potemkin, catalogada durante años en no pocas pantallas del mundo como verdadero ¡terror rojo! y, por lo tanto, indigna de ser apreciada.
El mal tiempo reinante en Leningrado fue el causante de que se realizara Potemkin y no la película que inicialmente se propusiera Eisentein para conmemorar los 20 años del alzamiento revolucionario de 1905. Trasladado a Odesa con el ánimo de filmar unas cortas escenas para lo que sería el primer proyecto, se enamoró de la historia del motín acontecido en el acorazado Potemkin y decidió rehacer el guion: tres meses de filmación, actores no profesionales y un discurso dialéctico que con una renovadora utilización de los primeros planos y el montaje remontó el arte cinematográfico a su más elevada cumbre.
Es difícil olvidar la articulación dinámica de los leones de mármol en medio de la lucha de Odesa, o la secuencia de la escalinata (seis minutos y 165 planos), síntesis fílmica por excelencia de una diversa gama de dramatismo, luego reverenciada varias veces por el cine moderno, en especial la famosa escena del coche con el bebé deslizándose escalera abajo.
Hasta el campo de la novela, la poesía y el teatro llegaría la fuerza telúrica que consagraría a Eisenstein y a su teoría del montaje de atracciones.
Luego vendría Octubre, expresión máxima de la Revolución de 1917, con escenas antológicas, entre ellas Lenin proclamando la victoria, y la toma del Palacio de Invierno, una de las imágenes más reproducidas en la historia del cine.
Al comentar Octubre en un periódico mexicano, Julio Antonio Mella escribió: «El público acostumbrado al estilo burgués de la película yanqui podrá no apreciar en todo su justo valor este esfuerzo de la Sovkino. No importa. Sería pedirle tanto como que comprendiese la Revolución proletaria después de conocerla a través de los cables de la United Press, o el movimiento revolucionario de nuestro país, o nuestras características nacionales por medio de la interpretación que le dan en Hollywood. Sin embargo, las vanguardias ideológicas tienen aquí oportunidad de gozar uno de los más intensos placeres que la época actual puede brindar en el terreno del arte…».
Aquel cine único nacido con el Octubre bolchevique, y reverenciado en lo artístico por representantes de todas las ideologías, terminaría por deformarse en alguna medida mediante manipulaciones nada relacionadas ni con la revolución ni con el arte, pero lo que dejó a la posteridad es más que suficiente para que 100 años después no haya olvido.











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Miguel Angel dijo:
1
30 de octubre de 2017
12:16:33
Taran dijo:
2
30 de octubre de 2017
17:46:35
Rubert Dominguez dijo:
3
30 de octubre de 2017
22:32:31
idania dijo:
4
2 de noviembre de 2017
09:48:24
idania dijo:
5
2 de noviembre de 2017
09:51:16
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