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La Monroe, entre Tony Curtis y Jack Lemmon, en Algunos prefieren quemarse (Billy Wilder, 1959), obra maestra de la comedia cinematográfica. Foto: Tomada de Mubi

Han sido escritos múltiples libros, monografías, ensayos e infinidad de artículos sobre la vida y obra de la que naciera, el 1ro. de junio de 1926, en Los Ángeles, con el nombre de Norma Jean Mortenson y tuviera una dura infancia, de madre esquizofrénica y padre desconocido, transcurrida entre hogares temporales y orfanatos.

Su neurótica progenitora la responsabilizó de la ausencia paterna, carga culposa que la niña asumió a través de una forma de veneración hacia la figura del padre que no conociera, como refleja (aunque exageradamente) en su filme Blonde (2022) el director Andrew Dominik, según la biografía novelada de Joyce Carol Oates. 

Casada desde los 16 años, la pena de los malos tragos de la infancia la acompañó el resto de una corta existencia marcada, desde su adolescencia, por el interés sexual de muchos hombres.

Entre estos predominarían, en el tiempo, productores, directores y políticos, quienes, si bien en determinado momento le ayudaron a abrir las puertas de Hollywood, luego le zarandearían su paz, el control de sus decisiones y hasta su estado mental, siempre objeto de zigzags emocionales parcialmente sobrellevados por las adicciones que, quizá, la llevaron a la muerte, con solo 36 años

La artísticamente rebautizada Marilyn Monroe pagó el precio de ser pobre y, sobre todo, el de ser bella, sensual y atractiva en un mundo hollywoodense ultra patriarcal, donde los mandamases de los grandes estudios exigían derecho de pernada o favores sexuales, a cambio de papeles, a las que se ajustasen a dicho perfil físico.

Era un espinoso camino compartido por muchas aspirantes a actrices, solo interrumpido, y nada más a veces, cuando algunas lograban convertirse en estrellas.

Ella quiso resistirse a aquella jauría, cultivando su espíritu, porque no podía hacer otra cosa, puesto que nunca fue dueña de su cuerpo. Leyó, estudió, se instruyó con ansias de las cuales no suele escribirse mucho. Eso le favoreció en la actuación y a poseer un mundo interior cuya belleza le impidiese ser devorada totalmente por la sordidez de un universo tan machistamente desalmado.

Hubo una época cuando se solía decir que fue una intérprete limitada. Más tarde, ese criterio sería reformulado. Al margen de que la también modelo compuso en sus inicios papeles menores y fue obligada por los productores a repetirse en la imagen de rubia tonta sensual, su evolución histriónica resulta ostensible.

Una Marilyn artísticamente crecida, muy segura de sí misma, abierta, dueña de múltiples resortes escénicos, puede apreciarse, entre otros largometrajes, en Nunca fui santa (Joshua Logan, 1956) o Algunos prefieren quemarse (Billy Wilder, 1959), de las mejores comedias de la historia del cine, la cual estelarizó junto a Tony Curtis (uno de sus varios amantes reales) y Jack Lemmon.  

Otras de sus interpretaciones –para grandes realizadores como John Huston o Howard Hawks– certificaron que era algo más que un símbolo sexual; aunque así siempre resultó vista por quienes fueron a su caza, con afán depredador (no todos, recibió amor verdadero de algunos; entre ellos el escritor Arthur Miller, a quien igual amó), así como por la mayoría de los espectadores.

No podía ser de otro modo, porque constituyó una construcción cultural encaminada a ese fin. Cuando su falda se levanta en los respiraderos del metro neoyorkino, en la película La comezón del séptimo año, corre 1956. No obstante, hoy, siete décadas después, esa icónica escena mantiene vigente su divisa erótica.

Muerta el 4 de agosto de 1962, a consecuencia de un supuesto suicidio por abuso de barbitúricos (nunca quedó claro del todo), Marilyn conoció del sufrimiento, de las situaciones de quiebra de esas personas traumadas a quienes la vida golpea una y otra vez: su madre desquiciada, el padre no presente, los embarazos perdidos, su infructuosa relación con muchos hombres –golpizas incluidas, abusos, humillaciones–, el vínculo con las drogas, su función de usar y tirar por los hermanos Kennedy…

Tráiler de Los inadaptados:

             

     

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Me encanta Barbara Eden dijo:

1

1 de junio de 2026

10:01:44


Hay que expiarse por el tratamiento de Marilyn Monroe, y de Judy Garland, Natalie Wood y Sandra Dee.