ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El ayuda de cámara está de estreno en los cines. Foto: Cartel de la película

Película para todos, pero en especial para los amantes del teatro, El ayuda de cámara (Richard Eyre, 2015) trae a dos señores actores, los veteranos Anthony Hopkins y a Ian McKellen, enfrascado el primero en darle vida a un divo de las tablas, y el segundo a su ayudante, un ser capaz de virar el mundo al revés y de manipular situaciones y personas con tal de que «su amo» salga al escenario bajo cualquier precio.

La obra pertenece al inglés Ronald Harwood, quien, siendo un destacado guionista, se encargó de realizar la adaptación de su texto a la pantalla, y no solo ahora, sino también en una versión realizada en 1983 por Peter Yates, que contó en los papeles estelares con Albert Finney y Tom Courtenay.

Ganador de diversos premios, el filme de Yates parecía tenerlo todo como para que alguien se atreviera a tentar la obra, y si el lector se pregunta cuál fue la causa de esta segunda vuelta, una respuesta posible sería que superar lo que se ha hecho, por grandioso que sea, o al menos aceptar el reto de superarlo, será siempre un desafío para cualquier artista. Sin olvidar que el director contó también con dos grandes actores que se ajustan perfectamente a los requerimientos del drama, cargado de giros y revelaciones constantes.

Las acciones transcurren durante la Segunda Guerra Mundial, con Londres sometido a los bombardeos nazis, pero sin ser ese peligro un freno para un grupo de teatro especializado en representar una obra de Shakespeare por día.

El empeño se convierte en tormento, ya que a tono con las vicisitudes de la guerra falta personal, no hay recursos materiales, y los actores y otros integrantes del grupo se ven precisados a resolver como puedan cada nuevo problema.

El principal problema, sin embargo, será el brillante y tiránico director-actor que encarna Anthony Hopkins, quien, aunque lo pretenda, no puede seguir aceptando los retos de cada noche porque al encontrarse en  los límites de sus posibilidades histriónicas, y con la salud en franco derrumbe, la memoria lo traiciona, los ataques de ira se le intensifican y el corazón le late menos.

Pensar que el filme está realizado para el lucimiento de Hopkins sería un error. El papel de Ian McKellen, como el fiel sirviente Norman, es tan rico en construcción dramática como el de su soberano, y quizá hasta un poco más intenso. El ayuda de cámara es un drama de sentimientos soterrados en el que nadie parece poder vivir sin las influencias que emanan del personaje de Hopkins. Y a la manera de un juego de espejos entre la realidad y la ficción, es el El rey Lear la obra que se representa la noche del conflicto.

Teatro dentro del teatro, el filme es un homenaje al medio y a las pasiones humanas que encierra, de ahí que desfile ante nosotros una rica galería de personajes representativos, mientras Hopkins y McKellen no se preocupan en lo absoluto en impregnarle un «aire cinematográfico» a sus interpretaciones, porque lo que hacen, con mucho oficio, es puro teatro.

COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.