
LAS TUNAS.—La reinauguración de La Fuente de las Antillas, obra de Rita Longa devenida símbolo de esta provincia, fue el colofón de una jornada homenaje al aniversario 40 del movimiento que dotó a esta localidad del singular apelativo de Ciudad de las esculturas.
Develada en todo su esplendor el 24 de febrero de 1977, el conjunto había sufrido los embates del tiempo, que borraron de él gran parte de la belleza que lo distinguía. Fue por ello que se inició un proceso para su restauración, en gran medida como deuda con el pueblo tunero, que tanto padeció lo que se vislumbraba como una pérdida inminente.
Nober Olano Escobar, escultor y presidente del Consejo Asesor para el Desarrollo de la Escultura Monumentaria y Ambiental (Codema) en Las Tunas, fue uno de los que asumió esa responsabilidad.
«Fue un trabajo muy largo y complejo que partió del análisis, por parte de un equipo multidisciplinario, del nivel de deterioro que tenía la fuente y las posibles soluciones para su restauración. A partir de ese momento se tomaron las decisiones de los materiales, de las piezas que debían ser sustituidas, que en este caso fueron cuatro, y del color que se le mantendría en relación con los niveles de conservación. Este proceso tuvo una parte en talleres, para la fundición, para modelar las piezas, y otra etapa propiamente de restauración en la que se utilizó resina hipóxica y convertidor de óxido para los aceros. Finalmente se completó la parte hidráulica, la iluminación y las áreas verdes. Aquí trabajamos cinco escultores, dos de experiencia y tres jóvenes recién graduados».
La recuperación de la Fuente de las Antillas es también un modo de hacer justicia con quienes impulsaron aquel movimiento hace cuatro décadas. Dígase Faure Chomón, por entonces primer secretario del Partido en el territorio, la propia Rita Longa en el aniversario 105 de su natalicio, y dos prestigiosos escultores tuneros ya desaparecidos: Rafael Ferrero Lores y Armando Hechavarría Guerrero.
Otro hito de aquellos años fue la fundación de la Galería Taller de Escultura, que atesora una valiosa colección no solo de los iniciadores de aquel grupo, sino de quienes a lo largo de los años se sintieron también partícipes de él y decidieron enriquecerlo. Sin dudas, esta provincia tiene mucho que agradecerle al Movimiento Escultórico y, a la vez, la enorme responsabilidad de proteger su legado.











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