Cada vez que Leonardo García sube a un escenario es una oportunidad para redescubrir a uno de los trovadores más comprometidos de su generación (léase el término en su sentido más abarcador), con una obra de profunda vocación poética marcada por su notable talento como compositor y sus reconocibles cualidades interpretativas. Este sábado 1ro. de octubre a las 5:00 p.m., se presentará su nuevo álbum Cara o cruz (Egrem) en el Centro Hispanoamericano de Cultura.
Cualquier seguidor de la trova y sobre todo de la buena música, sabe a estas alturas que no se puede perder un concierto de Leonardo García, ese trovador nacido en el núcleo duro del Mejunje y del grupo La Trovuntivitis que ha escrito de la realidad cubana con franqueza, con las angustias, anhelos y esperanzas inherentes a cualquier creador que se imponga hablar sobre su entorno sin realizar concesiones ni canciones al uso.
Leo, como lo conocemos en el ámbito trovadoresco, es un desconocido para la mayoría del público. Sin embargo, el contexto debería ser diferente si tomamos en cuenta que las instituciones han proclamado a los cuatro vientos la necesidad de promover a los mejores valores de la cultura, pero casos como el del trovador cienfueguero «nacionalizado» en Santa Clara ponen en evidencia históricas fisuras en las estrategias de promoción.
A pesar de su poca divulgación, Leo edificó una obra que perdurará en la memoria musical por el hondo calado poético y su capacidad para cronicar de una manera muy sutil, irónica o mordaz, las situaciones que va encontrando en su camino de trovador, que ha sabido decir lo suyo a tiempo para responder únicamente a los dictados de las zonas más álgidas de época, de su espíritu y de su generación.











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