
No hay elemento más preciado y a la vez peligroso en la ejecución de cualquier obra de arte que la emoción.
Saber dosificarla y no dejarse tentar por los excesos es reto en el que sucumbieron unos cuantos. El mayor peligro radica en que el cineasta traduzca el universo emotivo que lo exalta (a veces tan distante del espectador) en un lenguaje capaz de convencer con una sensibilidad sin equívocos.
No es el caso del último filme de Tomás Piard, La ciudad, ahora en cines de estreno.
La filmografía del cineasta ha estado marcada por búsquedas estéticas renuentes a las humoradas y las plasmaciones fáciles, y el loable propósito de resultar artísticamente diferente le ha traído algunos hallazgos y no pocos resbalones.
En La ciudad, estructurada en tres relatos, se llora demasiado a partir de una espiritualidad que se le adivina en propósitos al realizador —entre otras razones por ser él unartista extremadamente sensitivo— pero que está lejos de asimilarse como el mismo Piard hubiese querido.
La emigración, los años transcurridos y el reencuentro casual de viejos amigos en calles habaneras marcan las dos primeras historias de este tríptico. La tercera es un romance fortuito, de esos que descalabran corazones en un solo día, aunque los elementos con que se arma el relato, el lugar común traspuesto en velos de intelectualidad y el tono recitativo de la bella actriz protagónica, poco aportan a la imprescindible función de resultar creíble.
El Capitolio habanero, en su faceta de remozamiento, al igual que el malecón, se presentan como entorno físico de una ciudad testigo de muchas historias intimistas como las que ahora se cuentan. La primera, dos amigas (y quizá algo más), una de las cuales no mantuvo un
comportamiento solidario con la otra ante incomprensiones de una época superada.
El segundo relato presenta a dos hombres maduros, ya con familia y con un pasado de relaciones homosexuales. El reencuentro posibilita que el residente en el extranjero visite al padre del otro y se entere de que siempre “lo supo todo”, en tanto él revela en remordimiento y lágrimas la infelicidad a la que lo llevó su renuncia y partida.
Historias que en el papel pudieron parecer interesantes en su función de rastrear las complejidades humanas, pero que convertidas en guion, actuaciones en general obligadas a recitar diálogos bastante literarios y, principalmente el tono narrativo vacilante en casi todo el metraje, quedaron lejos de redondear un clima concluyente.
De ahí que el piano y la bella música del filme se hagan sentir en demasía operística tratando de acentuar emociones cinematográficamente verdaderas que, lamentablemente, faltan.











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Jorge L. dijo:
1
22 de julio de 2015
01:05:16
felipe dijo:
2
22 de julio de 2015
02:14:40
Juan Garcés dijo:
3
22 de julio de 2015
06:09:39
José Miguel dijo:
4
22 de julio de 2015
08:52:34
José Miguel Vázquez dijo:
5
22 de julio de 2015
08:56:42
María dijo:
6
22 de julio de 2015
10:09:55
Latiguillo dijo:
7
22 de julio de 2015
14:00:34
patricia dijo:
8
22 de julio de 2015
16:51:47
Dominique Darié dijo:
9
22 de julio de 2015
20:14:01
daniel fassbinder dijo:
10
23 de julio de 2015
09:36:23
María dijo:
11
23 de julio de 2015
09:49:31
sachiel dijo:
12
23 de julio de 2015
13:03:36
yosmani dijo:
13
23 de julio de 2015
16:53:08
carlosvaradero dijo:
14
24 de julio de 2015
11:22:54
Niurka dijo:
15
9 de agosto de 2015
18:40:17
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