
Costa Gavras vuelve a demostrar con El capital que sigue siendo el mismo insurrecto de siempre y que artísticamente se pasea por el mundo, ojos bien abiertos, para revolver cuanto estercolero e inmundicia política y social encuentre a su paso.
Lo demostró hace más de cuarenta años cuando sorprendió con Z, una de esas películas con la facultad de quedarse en el recuerdo, y luego Estado de sitio, Desaparecido, La caja de música y Amén, entre otras, una cinematografía la suya en la que siempre aparecerá el interés por tratar temas históricos, políticos y sociales, porque desde muy joven el cineasta comprendió que el cine también es una formidable arma de denuncia.
Es ese, en esencia, su capital muy particular e inconmovible al paso del tiempo.
El filme que ahora presenta en el Festival de Cine Francés fue realizado en el 2013, cuando el cineasta estaba a punto de cumplir ochenta años y alegra ver cómo renueva frescura e imaginación para, a partir de una novela de Stéphane Osmont, contarnos acerca de un economista de desmedida ambición, capaz de venderle el alma al diablo con tal de aumentar la competencia de su empresa, anticiparse a los mercados y lograr una expansión sin fronteras, ya que cuenta con un tiburón cómplice del otro lado del océano.
Se trata de un thriller financiero, en clave de comedia, relacionado con la última crisis económica. Apreciable historia por cuanto está llena de apuntes incisivos que la hacen fácil de entender, y ya se conoce que las maniobras bancarias presentes en no pocas películas realizadas en los últimos años, si bien interesantes, no siempre son comprendidas con la claridad indispensable, debido a lo enrevesado del tema.
Se luce el cómico de origen marroquí Gad Elmaleh en su papel de taimado arribista con tres principios fundamentales como estandarte: dinero, poder y sexo, personaje con toda intención arquetípico. para que no quede duda de cuáles son sus intenciones y de qué colores está teñido el mundo que lo rodea.
Moraleja clarísima la de este filme, y en ese contexto hay que situar la obsesión del protagonista por la “top model” tan cara como alocada, hacia el final del metraje, historia “amorosa” recreada bajo un signo de cinismo y sorna, el mismo con que se describe el universo florido en el que cualquier asomo de humanidad es aplastado por los fríos números de la ambición y las ganancias.
Un buen thriller con suspenso incluido este El capital, del maestro Costa Gavras, y también una manera de recordar que los descalabros económicos, ahora contados en tono de comedia, pudieran regresar en la vida real, de nuevo como tragedia.











COMENTAR
Dany Daniel dijo:
1
8 de mayo de 2015
12:37:36
Responder comentario