Diana Fuentes confía en que pronto lo que fue lluvia será sol pero, mientras tanto, ella sigue tratando de encontrar a Dios. Lo dice en el primer sencillo de su disco Planeta Planetario, un tema firmado por el cantautor Carlos Valera, quien ha sido una decisiva influencia para la carrera de la joven cantante y compositora. La versión entregada por Diana, uno de esos temas llenos de luminosidad que destierra del entorno cualquier atisbo de cielo plomizo y te impulsan a lanzarte a recorrer media ciudad con unas extrañas e inéditas ganas de vivir, funciona como un perfecto adelanto del resto del disco que viene, del cual Será Sol, grabado inicialmente por Varela en el álbum Nubes, es una de sus indiscutibles cartas de triunfo.
Quizás lo haya podido comprobar durante la gira nacional que la cantante, quien alterna su vida entre Cuba y Puerto Rico, ha realizado por estos días para mostrar en sociedad su Planeta planetario. Un álbum de contrastes y sobre todo de revelaciones que para comprenderlo en toda su magnitud debemos olvidarnos de la Diana que conocíamos hasta este minuto y mirar su música con nuevos ojos, porque este disco marca un importante punto de giro en su carrera a través de 14 canciones que nos presentan a una nueva Diana.
Parece como si la cantante se hubiera marchado a conocer mundo —que siempre hace mucha falta— por las autopistas sonoras de la música más contundente que se hace hoy en América Latina y haya regresado para encerrarse en el estudio con una perspectiva muy abierta, para grabar un disco con el que establece su propio idioma, arrimándose a una música sin etiquetas en la que cabe todo, desde el soul, el pop más exquisito, pasando por las cercanías del rap y las raíces musicales cubanas.
En el disco, distribuido en la Isla por la disquera Egrem y lanzado internacionalmente por Sony Music, Diana se acerca a la revolución que fue Calle 13 desde que expandió los límites de lo que se conoce como música latina. El poderoso lenguaje del álbum descansa en los esmerados arreglos de su esposo, Eduardo Cabra —uno de los cerebros de la banda boricua—, que realzan la capacidad de Diana para moldear con inteligencia la voz y adentrarse en intensos e incisivos pasajes que hacen guiños a la tradición musical cubana y retoman los ecos de la electrónica, alcanzando una sonoridad que apenas te deja tiempo ni para respirar, como es el caso de los temas De oriente a Occidente y Como hago, en el primero compartió la letra con el rapero Kumar, en el segundo contó con los servicios de otra rapera cubana que se dio a conocer con fuerza en el seno del grupo Interactivo, Telmary Díaz y que tras regresar de una larga estancia en Canadá presentó un disco del cual estaremos hablando muy pronto.
En Como hago, además se mezcla el espíritu de la española La Mala Rodríguez y la personalidad más convincente de Diana, quien en el 2008 puso en circulación su álbum debut Amargo pero dulce, producido por Descemer Bueno.
En su nuevo trabajo, Diana, que fue una de las sensaciones junto a Danay Suárez en la prestigiosa Conferencia Nacional de Música Alternativa Latina en Nueva York, refleja también su lado más íntimo. Desde la aparente sencillez del pop más sutil, factura Planeta Planetario, el título que da nombre al disco y en el que se perciben los aires de figuras como la mexicana Julieta Venegas. De hecho este tema, elaborado con un indudable refinamiento sonoro, ofrece una brillante lectura de los postulados del pop más híbrido e inteligente para delinear una atmósfera confesional y serena que nos permite descifrar en mayor grado los enigmas de la nueva Diana.
La ductilidad de su voz también se hace patente cuando despacha con actitud uno de esos boleros que provocan que la tierra casi te tiemble bajo los pies. Otra realidad, con letra de la propia intérprete, rinde honores a la historia de la cancionística cubana desarrollada por mujeres y le permite romper moldes y mostrarse como una Diana más explosiva. Puro sentimiento.
Recomendable como el que más es Asuntos de inversión, un título con el que apela al poder de la simbiosis sonora para con un evidente trasfondo social, provocar en el oyente una tensión que no termina hasta que cierra la última nota, al tiempo que asegura que va a lanzar al mar lo que no quiere para comenzar todo de nuevo mientras le pone una vela a sus ancestros para que le traigan fuerza y tranquilidad.
Nadie duda de que entre nosotros eso siempre hace falta, pero lo cierto es que este disco es todo menos un álbum para escuchar mientras nos detenemos a ver pasar la vida desde el portal en medio de una quietud dormida. Este disco es, sobre todas las cosas, uno de esos fonogramas que hacen un brindis con la luz y, aunque también tiene sus paisajes sonoros menos luminosas, nos invita a abrir la puerta, a irnos por ahí como unos chiquillos locos y descubrir que la vida también puede ser bella.











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Frank Fuentes dijo:
1
21 de marzo de 2015
11:30:35
mechi dijo:
2
24 de marzo de 2015
08:28:02
DORALIS ROSELLO dijo:
3
25 de marzo de 2015
15:22:49
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