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La doctora Elina Miranda muestra la Odisea, traducida por Laura Mestre, al cuidado de su edición Foto: Madeleine Sautié Rodríguez

La primera mujer que tradujo al español la Ilíada y la Odisea, los monumentales poemas épicos de Homero, es cubana. Su nombre es Laura Mestre Hevia (1867-1944), y por estos días se habla de ella, tan grande para nuestra cultura, y al mismo tiempo tan poco conocida.

El suceso que la evoca es la publicación de su traducción de la Odisea, con el sello colombiano Amor Vincit y el Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba, un libro con edición al cuidado de la doctora Elina Miranda Cancela, Profesora de Mérito de la Universidad de La Habana y directora de la Cátedra de Filología y Tradición Clásicas de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, incansable estudiosa de la vida y obra de esta mujer, que también escribió ficción.

Grande ha sido para ella la alegría y todo un premio a su perseverancia el hecho de ver este libro publicado. Pronto hará 20 años de que, para tomar posesión como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, la doctora pronunció su discurso Mujer que sabe griego, cuando se cumplían 140 años del natalicio de la insigne helenista.

La dicha se le nota. Desde el mismo instante en que entramos a su casa, la doctora sonríe. Sabe que hemos quedado para hablar de esa mujer que ha ocupado una buena parte de sus investigaciones y sobre la que ha disertado en muchos países. A su lado, como si escucharan, están los libros Odisea y Apologías de Sócrates, de Jenofonte y Platón, una versión del griego que también tradujo Mestre y que Elina ha editado por el mismo cuño editorial.   

«El año que viene son los 160 años del natalicio de Laura Mestre», nos dice con aires de responsabilidad y cercanía; y se le ve complacida cuando le contamos que tenemos en el periódico un Círculo de lectura con ese nombre. 

–¿Cómo nació la curiosidad por esta figura que después decidió estudiar con tanta pasión?

– Supe de su existencia cuando, recién graduada, escuché a la doctora Camila Henríquez Ureña impartir una conferencia en la que se refería a Laura Mestre; pero la mayor parte de los datos sobre ella los conocimos después por el obituario que hiciera su primo Juan Miguel Dihigo Mestre (1866-1952) –un destacadísimo hombre de letras–, cuando ella falleció; y puso a sus alumnos de la entonces facultad de Filosofía y Letras, al tanto de su vida y su obra. El discurso permanece inédito y está en la papelería de Laura, archivada en el Instituto de Literatura y Lingüística.

«En algún coloquio de Casa de Las Américas, dedicado a las mujeres y a las obras de las mujeres, participé hablando sobre ella, una de las pocas en la historia de la traducción en lograr la descomunal tarea de llevar a otro idioma los poemas de Homero, solo antecedida por la francesa Ana Dacier, hija y esposa de helenistas, quien llevó ambas obras a su lengua materna, en el siglo XVIII.

«Después me interesé por la traducción, y en los años 90 tuve acceso a su papelería. En aquella ocasión, lo que pude hacer fue tomar notas, que aparecen publicadas en nuestro libro Laura Mestre, una humanista casi desconocida, de Ediciones Boloña».

Foto: Portada del libro

Apologías… vio la luz en 2025, y la Odisea, a principios de este año. Pero antes de hablar de esta última publicación, la doctora nos puso al tanto de algunos detalles sobre Laura y su familia.

«Aprendió griego con su padre, Antonio Mestre Domínguez (1834 -1887), que fue médico. Él estudió en la Sorbona, en París; fundó sociedades, fue miembro de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana e introdujo las teorías darwinistas en Cuba.

«Él se encargó de enseñarle a su hija letras clásicas. A los 18 años, publicó en una revista la traducción que él hiciera de un poema griego. Sus compañeros se sorprendían de que tuviera tanto dominio de ese idioma. También fue muy conocido José Manuel Mestre, un jurisconsulto y filósofo, que tomó el camino de la independencia y desde el exilio en Norteamérica estuvo al servicio de la República en Armas. En fin, es esta una familia distinguida.

«Laura recibió clases de pintura en su casa, con maestros notables de la época. En su diario, ella cuenta que cuando tenía nueve años, le mostró a su padre lo que había escrito sobre un poeta, y él le dijo: “Ah, tienes aquí una disertación”. Laura leía a los naturalistas. Su casa era frecuentada por los más importantes intelectuales de la época.

«He pensado alguna vez en hacer un trabajo sobre esa red de intelectuales que había en esos años en Cuba, que casi siempre tratamos de ignorar, o sencillamente le pasamos por arriba, pero son un grupo de intelectuales, que no serían muchos, pero sí de un extraordinario valor, y trataron de hacer todo lo que podían, no en su beneficio, sino en el de la cultura nacional. La propia Laura llega a decir que lo que hace es “para servir a mi nación”».

–Laura es una apasionada del mundo antiguo…

Foto: Portada del libro

–La Odisea es para Laura Mestre «la más hermosa lección de arte que ofrece la literatura clásica». Sentía una gran devoción por los clásicos. Cuando tenía 20 años, se presentó a unas oposiciones para un cargo de directora de un colegio que se llamaba Heredia y le dieron el puesto a su oponente, que era un hombre. Desde entonces, se refugió en sus estudios.

–¿Qué características tiene su traducción?

–Laura se propuso, con su traducción, ofrecer una lectura de los poemas propiciatoria del gusto y la formación de los jóvenes, mediante la aprehensión de los valores éticos, estéticos e intelectuales que tanto estimaba en los clásicos y en particular, en esos dos poemas.

«Consideró que traducir a Homero era “como una copia en yeso, de una obra esculpida en mármol”. Tradujo con sencillez estilística, para que el lector experimentara “el carácter ingenuo y espontáneo” de la obra. Su trabajo no estaba dirigido a un lector especializado, sino para que jóvenes y estudiantes pudieran leer, sin necesidad de notas aclaratorias, y sin tener que hacer otras búsquedas para comprenderla.

«Su propósito de llegar al lector se evidencia por el uso de expresiones más cercanas a este, por ejemplo, usa el coloquial de la variedad cubana ¡vamos!, para sustituir al castizo ¡ea! Ella, sin alterar el estilo de Homero ni traicionarlo, busca, a través del estilo adoptado, que el lector perciba «la fragancia del amanecer del mundo». Y considera que la Odisea es “la más hermosa lección de arte que ofrece la literatura clásica”». 

–¿Qué importancia tiene para usted haber podido honrar a esta mujer extraordinaria con esta publicación?

–Yo creo que el cultivo del humanismo, el que se forma alrededor de las ideas clásicas, es muy importante en la zona cultural. Normalmente, Hispanoamérica ha sido ignorada en todo ese orden de trabajo. De hecho, no fue hasta finales del siglo pasado que en los diccionarios de obras que tienen a los clásicos como referencia, empezaron a aparecer trabajos que tenían que ver con Hispanoamérica y con nosotros. Es algo que he podido consultar no solo en Cuba, sino también en otros lugares que tienen fuentes mayores.

«Yo, desde los años 80, empecé a indagar sobre los autores cubanos que tenían presencia clásica, y lo propuse como una línea de investigación en mi departamento. Dentro de esto está Laura Mestre. En el trabajo filológico propiamente dicho, son muy pocos los traductores investigados.  

«Creo que es muy importante que una cubana haya sido, en la colonia, con las pocas condiciones que había, la primera mujer en traducir los dos poemas, que, además no fue lo único que tradujo. Tradujo a Píndaro, a Safo, a Anacreonte, y tradujo también prosa. Hay unas traducciones de ella, que no hemos podido localizar, pero de la lengua latina, de Cicerón.

«Creo que es un gran mérito que haya sido la primera mujer en traer estas obras a nuestro idioma. Es un deber y una honra hacer pública su obra y que su nombre ocupe el lugar que le corresponde en los estudios clásicos y en nuestra cultura.

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