Este 3 de agosto se cumplió el aniversario 105 del natalicio de José Antonio (Ñico) Rojas, una figura que, si bien goza de gran reconocimiento en el ámbito de la ingeniería hidráulica, aún resta por reconocerse lo mucho que significó en el ámbito musical cubano.
Hablamos del compositor y guitarrista que, como adelantábamos, fue ingeniero hidráulico de profesión y resultó uno de los representantes más excelsos de la música cubana, dentro del movimiento filin, en el que también destacaron figuras como Omara Portuondo, Ángel Díaz, José Antonio Méndez y César Portillo de la Luz, entre otros.
A diferencia de otros compositores, y pese a su gran talento, Ñico Rojas permaneció décadas como uno de los grandes desconocidos en la música cubana, aunque sí gozó de los más altos elogios de músicos cubanos y de otras naciones.
Su historia se remonta al 3 de agosto de 1921, fecha en la que nació en La Habana. A los 13 años estudió guitarra y solfeo por algún tiempo, pero abandonó los estudios académicos y continuó tocando la guitarra de forma aficionada.
Al incursionar en la música sus primeras influencias incluyeron a Chopin, Rachmaninoff y Beethoven, en el piano; a Francisco Tárrega, Miguel Llobet y Andrés Segovia, en la guitarra; y a la música popular cubana, principalmente Miguel Matamoros, Arsenio Rodríguez y los danzones de Arcaño y sus Maravillas.
Hacia 1942 fue uno de los 14 fundadores del movimiento filin, una corriente que renovó la canción cubana, nacida al calor de las descargas en las casas de los trovadores de la época, y que aprovechó del jazz su mayor expresividad melódica, las diferentes progresiones armónicas y una nueva función en cuanto al mensaje discursivo de lo cantado.
Ñico Rojas estudiaba Ingeniería Civil en la Universidad de La Habana y se graduó en 1945. Ese año pasó a trabajar y residir en Matanzas, donde en 1949 contrajo matrimonio con Eva Montes, su compañera inseparable desde entonces y fuente de inspiración para muchas de sus composiciones.
En la Atenas de Cuba recibió dos influencias musicales de importancia: la de rumberos como Saldiguera y Virulilla, y la de los creadores de tonadas campesinas que conoció cuando se dedicaba a la construcción de carreteras. Allí contribuyó a la construcción de numerosos proyectos de ingeniería, como puentes y viaductos, así como a la enseñanza de la hidrología en el Instituto José Martí.
Su doble vida –ingeniero de día, músico de noche– no le impidió crear un estilo guitarrístico muy original, de gran dificultad y sorprendente virtuosismo técnico, que, según el musicólogo Leonardo Acosta, «desborda emoción, vitalidad e intelecto». Compuso canciones como los boleros Mi ayer, Ahora sí sé que te quiero y Sé consciente, grabadas por reconocidos cantantes como Pepe Reyes, Orlando Vallejo y Miguelito Valdés. También compuso numerosas piezas para guitarra –entre ellas Guajira a mi madre– que incluían influencias tanto de la música clásica como de la tradición nacional.
En 1964 grabó su primer álbum, Suite Cubana para Guitarra, al que siguió otro en 1977. Acostumbró ofrecer recitales anuales en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, que sirvieron para dar a conocer su música al pueblo habanero. En 1998 viajó a Nueva York para presentarse en el Lincoln Center junto a otros destacados músicos como Frank Emilio Flynn, Orlando «Cachaíto» López y Wynton Marsalis.
Su obra para guitarra ha sido interpretada por dos generaciones de concertistas cubanos, entre ellos Rey Guerra, Joaquín Clerch, Leyda Lombard, Ildefonso Acosta, Efraín Amador y Martín Pedreira, entre otros. Este último ha transcrito y publicado varias de sus composiciones.
Fue hacia el año 2000 cuando recibió el Premio Nacional de Ingeniería Hidráulica. El guitarrista alemán Wolfgang Ledler, durante el IV Festival Internacional de Guitarra, celebrado en La Habana en 1988, opinó que la música de Ñico Rojas «abre un nuevo campo en la guitarra, por su manera de combinar lo clásico y lo popular cubano».
Falleció el 22 de noviembre de 2008 en La Habana. Con motivo del centenario de sus natalicio, diversas instituciones culturales le rindieron homenaje. Diez años antes, su colega Marta Valdés, al calor de su aniversario 90, lo recordó con una frase certera: «Gloria a Ñico Rojas, desde su "ayer" tan hermoso y particular».











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