ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Hidalgo Rodríguez, Anaisis

En un ambiente cargado de entusiasmo y creatividad, el reconocido artista bayamés Juan Luis Maceo Núñez, ícono de las artes plásticas en Granma, ofrece un espacio de aprendizaje único para niños y niñas, donde las artes prácticas se convierten en el vehículo perfecto para explorar la imaginación sin fronteras.

Graduado en Escultura y Dibujo en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Maceo Núñez es también presidente de la filial de artes plásticas de la Uneac en Granma y Premio Provincial de Artes Plásticas 2023.

«El soñar es una cosa bellísima", afirma el facilitador, quien con más de tres décadas de vida artística guía a los pequeños participantes en el diseño de sus propios personajes planimétricos.

El taller, que tendrá lugar durante esta semana de julio, propone a los asistentes la creación de un personaje único enriquecido con materiales reciclados y al alcance de la mano.
«Hoy trabajaremos en el boceto que viene siendo como una maqueta, un proyecto de la idea que ustedes van a hacer», explica el artista, enfatizando la importancia de plasmar las ideas antes de materializarlas.La dinámica incluye desde el diseño inicial hasta la construcción con cartulinas, telas e hilos, fomentando así la reutilización creativa de materiales.

El propio Maceo Núñez ha explicado que el espacio tiene «un carácter de creación libre, a propósito de un contexto donde la carencia de muchos recursos hace más oportuno el uso de chatarra, papeles reciclados y materiales tradicionales».

Los participantes, niños y niñas de diversas edades, encuentran en este espacio una oportunidad invaluable para expresarse libremente.
Ailén de los Ángeles Ramírez Bernal, de 11 años, comparte su experiencia como participante por segunda ocasión de estos talleres de artes plásticas: «Aprendí a expresarme mejor a partir de mis dibujos. Ha sido muy bonito estar aquí, porque además hacemos nuevas amistades».

Por su parte, Samuel Jesús Olegarse, de 12 años, coincide al señalar que lo que más le gustó fue «aprender a expresar sus ideas y dar rienda suelta a su imaginación, desarrollar la creatividad».
Maceo, revela que su vocación por la enseñanza nace de una profunda gratitud hacia quienes lo formaron en sus inicios.

«Históricamente he tenido como una suerte de deuda con la gente que me ayudó a formar a mí cuando yo era muy pequeñito. Es un poco para retribuir todo ese esfuerzo que hicieron los primeros que me formaron y me adentraron en este mundo del arte.

Nacido en Bayamo el 4 de diciembre de 1968, Maceo Núñez estudió en la Escuela elemental de artes plásticas Manuel del Socorro Rodríguez antes de ingresar a la Escuela Nacional de Artes Plásticas en La Habana, y al graduarse regresó a su ciudad natal para trabajar como profesor en la misma escuela que lo formó.
Más allá de lo técnico, la filosofía del taller invita a liberarse de las restricciones autoimpuestas y a sacar partido de lo que se tenga a mano.

El artista lo expresa con claridad: «Si no tengo lienzo, o si el lápiz no es de tal marca... no le doy mayor importancia. Al contrario, convierto esas carencias en combustible creativo; así consigo obras que, de haberme acomodado a las necesidades, jamás habrían surgido».
Esta perspectiva, forjada en tiempos de escasez, le permitió hacer cosas increíbles con los restos del carbón con que la gente cocinaba.

Para Maceo su principal motivación es el contacto con la espontaneidad infantil. «Yo aprendo mucho de lo que dicen, de lo espontáneo que son, de lo fresco de las cosas que dicen, de las cosas que se les ocurren.
«El arte, de manera general, aparte de salvarle el alma a uno, es una cosa que transmite cosas maravillosas», afirma el tallerista, quien ve en la práctica artística un medio para «modificar el ser humano y ayudarlo a ser mejor».

En este sentido, Maceo Núñez ha señalado que los participantes también «ejercitan la solidaridad, la cofradía y el compañerismo al compartir materiales y meriendas, en aras de contribuir a su formación como personas de bien».

Durante la actividad, los participantes comenzarán diseñando sus personajes: les asignarán un nombre, los materializarán a través de manualidades y los envolverán en una narrativa original que ellos mismos desarrollarán.

El taller promete ser un espacio donde la imaginación no tiene límites y donde cada niño y niña puede, literalmente, «ponerse alas y volar» a través de su obra.

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