ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Onelio Jorge Cardoso, gloria de nuestras letras y nuestro Cuentero mayor. Foto: Pedro Soroa

Se cumplen 40 años del fallecimiento de Onelio Jorge Cardoso (Las Villas, 11 de mayo de 1914–La Habana, 29 de mayo de 1986). Tenerlo en cuenta invita a evocarlo; y con más fuerza aún, a revisitar su obra.

Incluso siendo de mis autores preferidos, no tengo libro propio de Onelio Jorge Cardoso. Hallo el modo de regresar a aquellas páginas magníficas –en las que se narran cuentos que cumplen con creces los preceptos que el gran Horacio Quiroga dejara resumidos en su Decálogo del perfecto cuentista– y lo consigo.

Tengo al fin el libro Cuentos, de Onelio Jorge Cardoso. La portada lo deja dicho. Edición conmemorativa, distribución gratuita. El sello editorial es de Letras Cubanas, que con la entrega, rindió tributo al autor en su centenario. Me lo ha prestado una lectora voraz, graduada en 2016 de ese prestigioso centro que, precisamente, lleva el nombre del que hoy, con estas líneas, recordamos.

Repaso el prólogo que firma el narrador Rogelio Riverón y lo hago con cierta prisa, como si los cuentos mismos me pidieran empezar por ellos. Rumbo ya a esas historias, me detengo. La dueña del libro ha marcado parlamentos importantes de lo anotado por Riverón, que bien merecen resaltarse, como aquel que refiere que: «No hay falsedad ni esquematismo en calificar a Jorge Cardoso como el mejor exponente del cuento rural …», incluso aunque no tocara solo ese tema en sus obras, ni fuera el autor exclusivo de una tendencia también abordada por otros notables narradores.

En un aparte, apunta Riverón: «No hay otros personajes que puedan hablar como los de Cardoso, y sin embargo, les admitimos un don de identidad que seguimos creyendo insuperable. Es decir, reconocemos en ellos algo ancestral, gracias a una magnífica operación de léxico y de ritmo que estiliza un modo de expresarse que en el plano de la realidad monda y lironda no carece de esquematismos».  

Más de 30 cuentos recoge el volumen, que se lee de un golpe, impulsado el lector ante la maravilla de una palabra que seduce, por el imán de la precisión y por el humanismo, que explícitamente o entre líneas, destilan los cuentos. Más de 30, y todos joyas de la cuentística cubana y de la región. Resultan un convite a reconocernos en la esencia del ser, aunque nuestro desempeño esté lejos del que sustentan sus personajes, aunque no hayamos vivido la experiencia que cuentan.  

Sin ser el primero que aparece, empiezo por El cuentero. En una de sus páginas, disecada, descansa una flor.

El cuentero es un ancla segura para enlazar después toda la escritura de Jorge Cardoso. Pasa con el principiante, y puede pasar con el que regresa a estas lecturas. Frente a la historia de aquel hombre llamado Juan Candela, que era de pico fino para contar cosas, no puedo dejar de asociar los caudales narrativos del personaje y los del autor, que ganó con toda justicia el apelativo de «el Cuentero mayor».

Lo releo, conmovida, en una de estas tardes de lluvia, mientras unos niños juegan bajo el aguacero; y pienso que en nuestros planes de estudio está Onelio Jorge Cardoso, y que es de altísima responsabilidad para los docentes, contribuir al descubrimiento de estas lecturas, para no ignorar el pasado del que también nos da cuenta la literatura, y para lo que es preciso horadar en los mensajes y tocar, con sensibilidad, la fibra.

Vuelvo a los más antologados –Taita, diga usted cómo, Mi hermana Visia, Un brindis por el Zonzo, Francisca y la Muerte, El caballo de coral…–, y sigo a los otros, todos reveladores de sentencias que no pueden, en modo alguno, sernos ajenas.   

Mucho hay que agradecerle a Cardoso ese afán de hallar su camino como creador, que tantas veces se le llenó de obstáculos. Los diversos trabajos que emprendió para ganar el sustento fueron materia viva para después emplear en una narrativa que dejó ver con nitidez esa capacidad imaginativa que no solo plasmó en su escritura, sino que la ensalzó mostrando en no pocos títulos la valía de la perspicacia para sobrevivir en los duros tiempos.

Hoy sabemos que la obra de este hombre memorable de la cultura cubana trasciende los entornos nacionales y gana cada vez más adeptos entre lectores y estudiosos de un continente, al que pertenecen también los personajes que eternizó con el magisterio de sus letras.   

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