Concebido para ser creación y testimonio de su época, el cine realizado y promovido por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) lo ha sido durante 67 años.
La crónica del país en la pantalla grande ha superado siempre las etapas más difíciles, y un ejemplo elocuente es este tiempo, de tanta crueldad económica por el bloqueo de Estados Unidos, como de fertilidad de iniciativas y espacios nuevos que aúpan la producción cinematográfica.
Acerca de lo que han sido estos últimos dos años en la afirmación del Icaic sobre sus pilares fundacionales, Granma conversó con Alexis Triana Hernández, su presidente; un periodista cuya vida profesional ha estado atravesada por una vocación: la gestión y la promoción cultural.
Justo de esa vocación se aferró para asumir –como un reto profesional y personal– la conducción del Instituto en un momento muy complejo.
Más de dos años después, uno solo de muchos resultados dice lo que se ha logrado, incluso cuando son cada vez menos los recursos: más de una decena de largometrajes terminados en ese periodo.
Pero también puede hablarse del empeño en convertir las salas de cine en centros culturales para la comunidad, de la revitalización del Departamento de Documentales; de la recuperación del Taller de Serigrafía donde se hacía el cartel cubano de cine; de la restauración de cintas clásicas; del sostener no un solo festival, sino un sistema de festivales que vaya desde el Nuevo Cine Latinoamericano hasta una muestra y concurso de Cine Nacional.
Una clave, inicia Triana Hernández, ha sido articular alrededor del Icaic las productoras audiovisuales que nacieron a tenor del Decreto Ley 373, que permite estimular la producción independiente.
«Esa cadena de producción existe a tal punto de que buena parte de los filmes que se están concluyendo tiene que ver con encargos estatales a esas productoras, en alianza de trabajo con el Icaic».
Menciona títulos como el largometraje documental Mijaín, o el filme El camino –la ópera prima de Omar Alí, que muy pronto se verá y que está en posproducción–; 5 historias de amor y un bolerón desesperado; Calle 232; o Nora, ahora mismo en estreno en todo el país, y que ha llenado salas de cine, porque la idea, recalca, es «recuperar la dimensión no solamente de la producción, sino de la distribución, y que haya 180 espacios cinematográficos en toda la Isla para hacer circular estos estrenos».
De la alianza con el cine independiente no habla solo de filmes terminados. Está en posproducción Viejo, la ópera prima del importante guionista Amílcar Salatti, con Mario Aguirre, premio nacional de Humor en el papel protagónico; el mediometraje animado Doble Play; la coproducción Teófilo; la serie Ruta ADN Cuba; y Performance, del lamentablemente fallecido Jorge Luis Sánchez.
«No solamente hemos logrado activar la producción, sino que hemos articulado cadenas de producción que han permitido incluso hacer posproducción en Cuba, que es algo que todavía había que salir a hacer al exterior.
«Es decir, no concebimos hoy el Icaic si no es estableciendo esta relación con los cineastas independientes. Creemos en esta posibilidad porque, si algo ha demostrado el Fondo de Fomento, es que no se trata solo de producir estatalmente.
«Al Fondo de Fomento le han hecho no sé cuántos entierros, han dicho que a nadie le interesa, pero cada convocatoria tiene más de 30 proyectos presentándose y, ahora mismo, hicimos un concurso de guiones, y se han recibido más de 40 proyectos», apuntó.
SALVAR EL PATRIMONIO
«Estamos en el año 67 planteándonos temas cada vez más difíciles y retadores, como avanzar aún más en la restauración del patrimonio cinematográfico.
«Ahí están, salvados para siempre, los seis primeros animados de Elpidio Valdés, gracias a que, en Londres, el cine más antológico exhibe una vez al año filmes cubanos, junto con otra red de cines, para recaudar fondos dedicados luego a la restauración».
Explicó que así es que se acaba de restaurar, justo en el centenario de Julio García Espinosa, Aventuras de Juan Quinquín, que debe exhibirse ahora en toda Cuba, como pasó antes con Capablanca.
¿La lección?: «cómo encontrar fórmulas innovadoras en medio de cada circunstancia; cómo no detenernos. Es lo que hemos hecho ahora, por ejemplo, con el Taller de Serigrafía, que estaba parado, y ha habido un grabador impresor que, desde su condición de trabajador por cuenta propia, asumió su organización.
«Es decir, sí es posible, solamente que corren nuevos tiempos y no tiene sentido que usted lo haga solo cuando lo puede hacer en alianza con otros, para revitalizar lo que fue siempre un movimiento cultural».
Alexis Triana echa mano a un concepto que, afirma, Senel Paz le ha revalidado más de una vez: El cine cubano llegó a ser un movimiento cultural multidisciplinario, con músicos que hacían bandas sonoras, como el Grupo de Experimentación Sonora; con artistas plásticos que dejaron 200 obras de arte que hoy son patrimoniales; de poetas como Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Miguel Barnet haciendo guiones…
«Tenemos, por tanto, el deber de volver a lograr toda esa sinergia del movimiento, lograr poner en movimiento todo lo que se había fracturado».
ECONOMÍA Y CENTRO CULTURAL
Entre las adecuaciones al contexto actual, el Presidente del Icaic mencionó la propuesta de conceder personalidad jurídica a las productoras como mipyme o cooperativas cinematográficas, así como lograr incluso empresas estatales cinematográficas dentro del Icaic, en pro de robustecer la base económica que sostenga las aspiraciones de una industria fílmica que hay que restablecer.
«Tenemos que volver a las coproducciones con un estilo de trabajo propio que el Icaic tuvo en los 90 y en el 2000. Ya lo hemos logrado con los rusos, con Dominicana, lo vamos a hacer con Colombia, y estamos activando una zona de la industria de Estados Unidos».
Otra de las transformaciones que ocupa al Instituto es concretar la idea de que las salas de cine se conviertan en verdaderos centros culturales, «para que, manteniendo su función cinematográfica, se utilicen también en el teatro, en la danza, en los
espectáculos musicales, de humorismo, como ha sido una política del Ministerio de Cultura, pero ahora con un soporte económico.
«Eso incluye que los cines tengan servicios dentro, que sean autogestionados, sin que se pierda la exhibición cinematográfica como colofón. Tiene que haber opciones para niños, para jóvenes, con presencia de todas las artes. Esa política del uso múltiple tiene que regresar a las salas de cine».
Para lograrlo, alega, «lo que estamos discutiendo es de dónde sacamos paneles solares, con qué proyecto de colaboración, cómo nos movemos en triciclos eléctricos... El empeño de ser autónomos, de no detenernos, que la circunstancia económica no nos paralice, son principios reales que estamos ejerciendo. Y cuando digo principio, hablo de la idea de apoyar y aportar más al Estado.
«Tenemos que lograr que arranque la industria cinematográfica, que se atraiga capital extranjero para poder invertir en ella, que se hagan filmes musicales, comedia, deportivos, militares, ¿por qué no? En un país que tiene una tradición de cinematografía militar, estamos aspirando a hacer, por ejemplo, la película de Cabinda, en alianza con Namibia y Sudáfrica.
«En este aniversario 67, la divisa que tenemos es: No nos podemos detener bajo ningún principio. Es el homenaje a los que hicieron posible la gestación de ese cine y a los que ocuparon este edificio tramo a tramo, oficina a oficina, porque entonces solo estaba en un solo piso.
«Hay que recordar que esta institución había nacido a escasos tres meses del triunfo de la Revolución y, sin embargo, piso a piso lo fueron convirtiendo en el gigantesco centro cultural que fue.
«Así vamos, dándole espacio a las productoras audiovisuales que trabajan con el Icaic, espacio físico dentro de ese edificio. También logrando que los cines vayan recuperándose, y tenemos ejemplos concretos de lugares donde hay una voluntad de los gobiernos de entender que, efectivamente, es el cine nuestro principal palacio. No digo yo que no lo sea la Casa de la Cultura, es que en el cine está el escenario para que actúe la Casa de la Cultura, o para que actúe el movimiento profesional.
«Tenemos que lograr sostener esos espacios como nuestros templos. Este fue un país que tuvo 500 cines, y hoy se encuentran muchos cerrados. Así que sigue siendo un gran reto cambiar los métodos de gestión, gestar alianzas, buscar encadenamientos, lograr demostrar que sí se puede».











COMENTAR
Responder comentario