Aurora Pita formó parte de una época gloriosa, y nunca reeditada, de la Televisión Cubana, en la cual el espectador veía desfilar regularmente ante sí a primeros actores como Ana Lasalle, Gina Cabrera, Raquel Revuelta, Margarita Balboa, María de los Ángeles Santana, Maritza Rosales, Verónica Lynn, Reynaldo Miravalles, José Corrales, Enrique Santiesteban, Miguel Navarro, Ángel Espasande, Rogelio Blaín, Miguel Gutiérrez, Enrique Molina…
Ella integró esa constelación de grandes astros nacionales de la interpretación que, a quienes nucleamos la generación del 70, nos alegraron infancia y juventud, gracias a telenovelas (o novelas a secas como las llamaban antes, pero por regla más trascendentes que muchas de las actuales), teleteatros, cuentos, aventuras u otros espacios dramáticos o humorísticos.
Nacida en La Coruña, Galicia, el 15 de julio de 1936, y fallecida en La Habana el 7 de mayo de 2021 (hace cinco años), Aurora Pita trabajó, durante décadas, al servicio de la actuación en diversos medios, con disímiles proyectos, muchos recordados todavía.
Si una característica primordial distinguía a la actriz era la nobleza y, sobre todo, la simpatía que emanaba de su ser, especialmente de su voz: virtudes que siempre le permitieron establecer un grado evidente de empatía e identificación con los receptores.
La Premio Nacional de la Radio 2008 comenzó bien joven en los estudios radiales y los sets televisivos (desde la década de los 50 del pasado siglo), donde hizo de todo, al lado de otras luminarias del universo sonoro o catódico patrios.
Resultó tan incesante su ajetreo que, en determinado momento, llegó a figurar en 11 programas diarios de radio, o en dos novelas en diferentes canales a distintas horas: por supuesto, eran los tiempos de la televisión en vivo.
Cuando, de joven, se tiene tal empeño en la vida, casi siempre se consigue luego lo propuesto. Ella lo obtuvo, con creces.
Aurora se consagró a su oficio, al cual respondía con vehemente entrega. La siguiente respuesta suya en la entrevista que le realizara la investigadora Josefa Bracero da idea de ello: «El mayor recuerdo que tengo del Teatro ICR fue la puesta en escena de la obra María Estuardo, el director Roberto Garriga me asignó el personaje de la reina Isabel I de Inglaterra. Me afeité las cejas, me corté las pestañas y me quité una franja de cabello para ampliar la frente porque Isabel era completamente calva y todo eso para presentar la obra un solo día porque todo era en vivo».
La Purita de A reírse rápido; la doña Gertrudis de Sandoval y Santa Cruz de Sol de batey; la Catalina la Gallega de El año que viene, la actriz de tantos personajes que tejieron su copiosa trayectoria para la radio o la televisión (u otros medios: teatro, cine) se granjeó el cariño de los cubanos, gracias a creaciones histriónicas que, décadas después de salir al aire, aún siguen siendo evocadas, además de queridas.
Merecedora en varias oportunidades del Premio Caricato de la Uneac, la integrante de esta organización cultural de vanguardia colocó, además, en su alforja de lauros o reconocimientos, la Orden por la Cultura Nacional o la condición de Artista de Mérito, amén de disímiles medallas y distinciones de distintas instituciones y varios ministerios.
Al lustro de su deceso, resulta necesario recordarla y ponderarla, así como invitar a las nuevas generaciones a contactar con su arte (algunos trabajos televisivos suyos se encuentran en distintos repositorios), para que conozcan un poco más sobre la historia sublime de la actuación en Cuba, de la cual ella fue una de sus históricas representantes.













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