MANICARAGUA, Villa Clara.–Lucir como nueva, luego de más de 60 años de actividad, es uno de los grandes méritos de la hidroeléctrica Hanabanilla, una instalación ubicada a 348 metros bajo tierra y que resulta vital en el logro de la estabilidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
El amor y la pasión que ponen sus trabajadores y directivos, ha sido la clave en la preservación de la obra, cuya construcción se inició a principios de los años 50 del siglo pasado y el 11 de enero de 1963 sincronizó sus primeras máquinas al SEN.
Allí, cada día y cada minuto del año, un grupo de mujeres y hombres, acostumbrados a la luz artificial y a la humedad que enfría la piel y los huesos, se afana por generar la mayor cantidad posible de energía limpia, conscientes de cuanto lo necesitan el país y la población.
Entre sus funciones esenciales figura estabilizar la distribución de la energía que circula en Cuba, cuando, por alguna razón, la frecuencia cae por debajo de 59 o 60 Hz; en ese caso, ellos, de manera automática acoplan la unidad para darle la fiabilidad que requiere el Sistema para salir de esa emergencia.
A la felicidad que genera saberse importantes en un momento de crisis energética en Cuba, se unió en días recientes la noticia de que habían sido merecedores del Premio Nacional de Restauración y Conservación, otorgado por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.
El lauro es un reconocimiento a todos los que llevamos muchos años laborando en este sitio, al precio de mucho sacrificio, asegura Ángel Nervis Pérez Marín, director de la hidroeléctrica, quien tiene el honor de guiar a un colectivo que derrocha pericia en cada jornada, para que funcione una tecnología que lleva muchos años en explotación.
Viaje al centro de la tierra
Para llegar al corazón de la hidroeléctrica, el sitio en que se encuentran las turbinas y donde se produce la energía, debe realizarse el viaje en un carro tirado por un guinche, el cual desciende a través de un tramo de ferrocarril de 348 metros de longitud y 42 grados de inclinación, que da acceso a las unidades.
Por esa vía transitan los técnicos y toda la logística necesaria para garantizar la permanencia del personal que allí labora. Seis minutos separan la superficie del corazón de la planta. A un costado puede observarse una escalera de concreto de 1 064 escalones, que funciona como salida de emergencia.
Todos los trabajadores conocen la historia de la instalación al dedillo, y cualquiera de ellos puede narrarte que su construcción se inició a principios de los años 50 y se paralizó en 1958, cuando la obra estaba a un 70 %.
Se cuenta, además, que en 1952 la empresa PRICHEC, compañía que integraba a distintos magnates cubanos de la época, financió el estudio y la ejecución del proyecto. Luego de explorar el subsuelo, se creó la carretera Macagua-Hanabanilla para facilitar el acceso al lugar.
A continuación, se realizó una subasta para determinar la entidad que realizaría el pozo vertical, los túneles y las cámaras, que fue ganada por la compañía Tecon, de Dallas, estado de Texas, en EE. UU.
Mientras, hacia el sudeste avanzaba el desbroce de lo que sería el embalse que abastecería de agua a la hidroeléctrica, tarea que estuvo a cargo de la Compañía Constructora, Ingeniería González del Valle S.A.
Luego del triunfo de la Revolución se reinició la ejecución del proyecto. La parte cubana, con la asesoría de técnicos checos, llevó a cabo la terminación de la obra y el montaje de las dos primeras unidades, que sincronizaron al Sistema Eléctrico Nacional el 11 de enero de 1963.
La tercera unidad fue contratada íntegramente a la extinta Checoslovaquia, la cual entró en servicio en 1968, y permitió elevar su capacidad a 43 MW.
Respecto al embalse, este tiene una capacidad para almacenar 286 millones de metros cúbicos de agua y cuenta con dos presas principales: Hanabanilla y Jibacoa; dos presas auxiliares y el aliviadero, donde vierten sus aguas los ríos Hanabanilla, Negro y Guanayara, además de los arroyos El Trinitario, El Junco, Economía, El Solitario y El Cacao.
En los terrenos seleccionados para ejecutar la presa, conocidos como Valle de la Siguanea, radicaba un pueblo, así como las fincas La Lima, Cuchilla del Guayabal, San José de Guaniquical, La Potencia, Bruselas, El Nicho y Los Cocos.
Sus trabajadores hablan con orgullo de lo que significó el Che para esta obra, quien como ministro de Industrias visitó el lugar e impulsó su terminación, consciente del significado de esta para el país. También el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz recorrió la instalación, el 15 de febrero de 1971.













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