ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Internet

Circunstancias personales me hicieron pasar unos días en Santa Clara, jornadas que aproveché, también, para participar de la siempre activa vida cultural de la ciudad.

A pesar de la dureza de los tiempos, las instituciones permanecen abiertas y en interacción con todos los públicos. Alrededor del nodo que representa el Parque Vidal se suceden actividades literarias, musicales, para niños, exposiciones y los conciertos pueden llegar, aun hoy, al filo de las madrugadas.

Allí me sorprendió, entre el 27 y el 30 de marzo, la trigésimo cuarta edición del Festival Mejunje Teatral. Centrado esta vez en el propio mapa del teatro villaclareño, se le dedicó al aniversario 40 de Los Colines. No tan conocida fuera del territorio, se trata de una brigada artística que desanda la geografía de la provincia de manera sistemática. Con eje en el teatro, gracias a la compañía escénica del propio Mejunje, se detiene en caseríos y comunidades para imantar con sus funciones a públicos más aislados.

Quien comanda todos esos proyectos es, por supuesto, Ramón Silverio, el alma del Mejunje, ese recinto social y cultural que no descansa nunca. Del festival me detengo en dos espectáculos vistos allí en medio de circunstancias adversas, a las cuales se impuso la entrega de artistas, técnicos y espectadores.

Teatro Escambray recupera, a 20 años de su estreno, El camino de los pasos peligrosos, del quebequense Michel Marc Bouchard, una puesta de Carlos Pérez Peña ahora vuelta a trabajar por el dramaturgo y director general de la agrupación Rafael González.

Bouchard ensaya en su texto buena parte de las experimentaciones que la dramaturgia asentaría desde los inicios de este siglo. Las particiones en la línea de tiempo, la narratividad desde lo teatral, el crédito a distintos puntos de vista para ahondar en el exorcismo de tres hermanos en torno al pasado, a su padre y a las propias relaciones entre ellos, marcadas a fuego por el machismo y contra la homosexualidad.

Tres actores en formación cumplen ante un buen desafío. Por las mencionadas características estructurales y de lenguaje de la obra, y por el ascetismo de la puesta, solo cuentan con sus cuerpos sobre la hojarasca esparcida en el espacio, tal como en el bosque de la ficción donde ocurre la acción.

Teatro sobre el camino continúa con Malas palabras, su exploración de temáticas difíciles pero reales en el universo de la niñez. Rafael Martínez, su director, versiona la pieza homónima de Perla Szuchmacher, importante autora argentina residente en México hasta su muerte hace tres lustros. Perla dejó una obra referencial en cuanto al tratamiento serio, profundo y artístico de las problemáticas de niños y adolescentes.

La actriz Elizabeth Aguilera Fariñas prueba todas sus condiciones entre el uso de títeres y máscaras, cambios de vestuario, objetos y útiles para encarnar distintos personajes, situaciones y tiempos que cuentan, en primera persona y ya adulta, la historia de la adopción de la niña Flor. Un montaje aleccionador sin infantilismos baratos.

Me sirvió, sobre todo, este mejunje teatral villaclareño para reencontrar al legendario Teatro Escambray y a Teatro sobre el camino en sus batalladoras coordenadas de ahora mismo.

Un montaje aleccionador sin infantilismos baratos. Foto: Andrés Castellanos
COMENTAR
  • Mostrar respeto a los criterios en sus comentarios.

  • No ofender, ni usar frases vulgares y/o palabras obscenas.

  • Nos reservaremos el derecho de moderar aquellos comentarios que no cumplan con las reglas de uso.