ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Poner el libro al alcance de todos sigue siendo en Cuba un propósito de alta prioridad. Foto: Dunia Álvarez Palacios

¡Cómo no iba a ser el 31 de marzo el Día del Libro Cubano! ¿Cuál otro podría ser, sino aquel que marca la fecha en que quedaría fundada, a solo tres meses del triunfo revolucionario, la Imprenta Nacional?

Junto a un librero grande, poblado en su mayoría de libros cubanos, nacen estas líneas, que una vez más recuerdan el acontecimiento, un hecho que habría de forjarse en una escena de desolaciones, en la que el primer paso para transformarla sería alfabetizar a un pueblo noble, sufrido e iletrado, para poner después en sus manos nuevos saberes, de la mano de los libros.

Los míos escuchan ahora el sonido de las teclas. Mientras escribo, pienso en aquellos primeros libros que llegaron a mis manos, muchos a modo de premio, por ganar una carrera de saco en un plan de la calle, organizado por los CDR; o como regalo de cumpleaños con bellas dedicatorias, como aquellas que me hacía mi abuelo; o como esa respuesta a la pregunta de la niña que le decía al padre: –¿Qué me trajiste? Y del portafolio le sacaba un libro. De esos, algunos están aquí, como el de Fábulas, con primera edición en 1973 y con sello de Gente Nueva; o el de Oros Viejos, de 1974, por solo citar algunos.

También de esa época –y heredados después como las joyas que son– están aquí los que tantas veces leyó mi padre, entonces un jovencito devorador de lecturas de todo tipo.

Nombrarlos haría una lista interminable, no solo la de los libros preservados de aquellos años, sino los que después fueron llegando. Hay muchas vidas que podrían contarse por las lecturas que se fueron haciendo, según salían de la imprenta los libros.

No fue obra de hechos milagrosos, o mejor sí, de un milagro llamado Revolución, que costó mucho sacrificio y la hicieron sencillos y grandes seres, convencidos de que era imprescindible cambiar el entorno, también en la escena cultural.

LA REVOLUCIÓN FUE TAMBIÉN PONER EN LAS MANOS DEL PUEBLO LOS LIBROS

Hablando de libros, ninguno como Fidel y la industria editorial cubana: una Revolución desde las letras –que con idea original de Juan Rodríguez

Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro, y que firman Francisca López Civeira y Fabio Enrique Fernández Batista– recoge el proceso de transformación que entrañó ese sueño.

«En enero de 1959, la triunfante Revolución se encontró, entre otros horrores, un país marcado por su endeble universo editorial (…). El país que algunos pretenden presentar como representación absoluta del progreso manifestaba aquí otra de sus falacias estructurales. Tuvo que llegar el torbellino del cambio revolucionario para que la compleja realidad existente se modificara».

Para transformar la espiritualidad del pueblo, había que saber leer, y había que hacer libros. Conocido es lo que significó la gloriosa Campaña de Alfabetización, que logró borrar de la faz de la Isla la ignominia de no saber leer y escribir.

Amparada por la ley 187, y adscrita al Ministerio de Educación, el 31 de marzo se creó la Imprenta Nacional de Cuba. Para administrar la Editorial de Libros Populares en Cuba, se nombró al insigne novelista Alejo Carpentier, quien estimuló la creación de los festivales del libro cubano. Se vivió una efervescencia que así describen los diversos intelectuales que atestiguaron esa trascendental empresa.

En 1960, desafiando entuertos y molinos, como el protagonista de la obra, recorrió la Isla El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Cervantes, con una tirada de 100 000 ejemplares, a un precio de 25 centavos, y con el que se inauguraba la Biblioteca del Pueblo.

La historia del libro cubano es cautivadora. Lo hasta aquí descrito son apenas sus albores. El título citado muy bien la cuenta y su lectura es, en nuestro criterio, de altísima recomendación.

Bien sabía Fidel lo que significaba que el pueblo leyera libros. Aquella colosal idea, compartida en abril del año 1961, al concluir un evento académico, desmantelaba para los incrédulos, toda duda. «Nosotros no le decimos al pueblo: ¡Cree! Le decimos: ¡Lee!», y con ello exhortaba a los cubanos a encontrar la verdad en los libros. La génesis de ese propósito nació, para bien de una increíble isla, un día como hoy, 31 de marzo, fecha en que con toda justicia se celebra el Día del Libro Cubano.

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