ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
No me pregunten. Foto: Obra del pintor Carlos Trillo Name

Si algo debe agradecerle la historia del arte a la pintura matérica (o arte matérico) es el haber brindado la posibilidad de encontrar belleza y emociones a través de materiales inusitados como yeso, aserrín, madera carcomida, cuerdas gastadas, harapos…

Esta tendencia se desarrolló desde mediados del pasado siglo, dentro del gran concepto que constituye el arte abstracto, demostrando que esos elementos, aparentemente innobles, podían hablar de la soledad, el paso del tiempo, las enfermedades y querencias del espíritu con la misma fuerza que podía hacerlo un lienzo «visualmente atractivo».

Al hablar de esta manifestación en la Isla, no se puede pasar por alto a Carlos Trillo Name (1945-2022) –bebedor de grandes maestros como el español Antoni Tàpies y el italiano Alberto Burri–, uno de sus principales exponentes por más de 40 años.

Nacido en La Habana hace 85 años, Trillo perfiló su mezcla de elementos derivados del asfalto, polvo de mármol, cemento y arena, para lograr, a golpe de esfuerzo, obras únicas inspiradas en superficies naturales y tonalidades ocres, negras y azules.

Pasó su infancia y adolescencia en Nueva York, Estados Unidos, hasta su regreso a Cuba en 1961. Desde allí trajo su visión de las tendencias abstraccionistas, para emprender el ejercicio profesional de las artes plásticas.

Su primera exposición, en la galería de la Casa de la Cultura del habanero municipio Plaza de la Revolución, en 1967, despertó el interés del público y de la crítica. Desde entonces, sus pinturas colmaron diversas galerías de la capital, en al menos una quincena de muestras personales y casi 50 colectivas; también visibles en colecciones privadas de todo el mundo.

Su paso por Estados Unidos influyó enormemente en su cosmovisión: estructuras férreas, rascacielos y planos de colores fríos se evidenciaron en la muestra Manhattan 97, expuesta en esa galería para celebrar los 30 años de su muestra primera.

Trillo, creador para el que los años no constituyeron freno, sino «acicates para perfeccionar la experiencia en el arte», consideró al materismo como «la abstracción que viste otro ropaje, y se manifiesta para recrear temas muy particulares. En mi obra pervive la presencia del tiempo, que construye y destruye, marca y deja huellas».

En sus piezas, que bien podían ser identificadas a simple vista como cubanas o no (aunque la abstracción potencia esa universalidad propia del oficio), se descubre a un artista que, tal como un explorador de la materia, logró que elementos sencillos fuesen vías para canalizar preguntas y angustias, las mismas que el ser humano siempre intentó responder a través del arte.

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