CARACAS, Venezuela- En medio del crepúsculo caraqueño, en una plaza de la ciudad tomada por gente de todas las edades, se siente el olor del café recién colado. No el guayoyo de Venezuela ni el expreso americano, sino el de la Sierra (Maestra), el de los mambises, el que colaban nuestros ancestros, hecho en hervidero al carbón.
Para los nacidos en la Mayor de las Antillas, brindarlo puede ser agradecimiento, hospitalidad, cercanía. Y, sobre todo, anuncia una distendida conversación donde se «hablará de todo» y se intentará «arreglar el mundo». Así lo entendieron los presentes en la Plaza de la Juventud, cuando los actores del grupo callejero Teatro Andante, les ofrecieron de la bebida que acababan de preparar.
Con el ashé que da un buen cafecito, el elenco presentó en el cuarto Festival Internacional de Teatro Progresista, uno de sus últimos estrenos, Faro. En palabras de su director, Juan González Fiffe, la obra «habla desde el aquí y el ahora de nuestra realidad, nuestras dificultades, nuestras luchas por un mundo mejor. Es una mirada atrevida, crítica y profunda, con la fe inquebrantable que tenemos los cubanos».
La puesta en escena -sin bambalinas ni telones- imbrica actuación, música y danza en una propuesta que descubre nostalgias latentes, recuerda la utopía de la Isla de ser faro, hace cómplices a los espectadores y toca las almas de los que están y los que se fueron.
El deber que implica la partida –o hasta la muerte misma- la migración, la búsqueda de sueños o mejoría económica lejos del terruño natal y el dolor que siempre queda en las familias separadas: «devastadoras tormentas» a las que se enfrentan los personajes, conducen la trama.
Anda, corre donde debas ir/ Anda, que te espera el porvenir/ Vuela, Que los cisnes están vivos/ Mi canto está conmigo/ No tengo soledad, dice la madre a sus hijos al verlos partir. Sin embargo, teje un faro: la bandera de la estrella solitaria, para que dondequiera que esté un hijo de esa casa, pueda verla y sepa que siempre será recibido.
Durante la producción teatral se alude a canciones, consignas, frases, contextos que marcan determinadas cotidianidades cubanas, mas no es necesario haber nacido en la Isla para entender –y hasta sufrir– la historia que se cuenta. La migración es una realidad que atañe a todos los países. Bien lo sabe y lo vive el pueblo venezolano, espectador-personaje en esa narración.
Por parte de Cuba, La Franja Teatral asistió también a esta cita de las tablas, que tuvo lugar del 10 al 20 de abril, con el objetivo de promover y difundir obras teatrales que aborden temáticas sociales, políticas y culturales desde una perspectiva crítica y transformadora. Es, además, un compromiso de la comunidad artística con la justicia social, la igualdad y la defensa de los derechos humanos.











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