Todo lo que se dice de él es hermoso. Sus resortes fueron la rectitud y la decencia, hacer en cada momento lo que había que hacer, sin pensar primero en sí mismo, todo magnánimamente.
En esa integridad cupo, en primera instancia, el amor a su país, ese sagrado sentimiento que él convirtió en hechos y que defendió también con la fuerza de su pluma. Patriota y periodista podrían ser las palabras que más se le ajustan a este cubano ilustre llamado Miguel Coyula Llaguno, nacido en Regla el 11 de junio de 1876, hace 150 años.
Al caminar la barriada, el nombre de Coyula emerge. Una calle de allí así se denomina y en el parque de Guaicanamar un sencillo monumento, erigido el 11 de junio de 1949, le rinde homenaje al reglano que ni para los lugareños ni para los cubanos de bien debe ser un desconocido.
Coyula llegó a ser comandante del Ejército Libertador. Sus energías estuvieron al servicio de la independencia de Cuba, por la que luchó bajo las órdenes de los generales José Maceo, Calixto García y Mario García Menocal, de quien fue amigo. La prensa insurrecta contó con sus artículos; y en los medios de la República aparecería su firma, siempre con los ideales defendidos desde su juventud mambisa.
Conocido es el hecho de que, al fallecer en Regla la madre del patriota camagüeyano Bernabé Varona (Bembeta), mientras se efectuaba el velorio, un voluntario lanzó insultos contra ella. En La Protesta, un periódico dirigido por Manuel Sanguily, aparecería, firmado por Coyula, de apenas 18 años, un artículo denunciando el suceso.
Numerosos fueron los combates en los que participó, tanto en Oriente como en Occidente. Con Menocal y otros luchadores, emprendió contra la Trocha de Júcaro a Morón.
En tiempos republicanos, en los que ni por un instante abandonaría sus ideales, le sería asignada una pensión debido a su integración al Ejército libertador, Coyula la rechazó por considerarlo inapropiado en un contexto harto difícil de recortes económicos en el país. No fue esta la única prebenda a la que renunció de entre las que se le ofrecieron. Su carácter justiciero se encargaba de responder pertinentemente a cada avatar de su vida, marcada por la entereza de una conciencia siempre en favor del bien.
Coyula falleció en Marianao el 23 de noviembre de 1948, a la edad de 72 años. En su libro Agenda de la República, el investigador y periodista Ciro Bianchi, en una crónica dedicada al patriota, escribe: «Lo velaron en el salón de Los Pasos Perdidos del Capitolio y su entierro fue una impresionante manifestación de duelo».
En el propio trabajo, Bianchi apunta que pronto llegaron los homenajes. «Se escogió la fecha de su muerte como Día de la Probidad. Se dio su nombre a una avenida y a un parque, donde se emplazó un busto suyo, obra del escultor Mario Santí». En otros sitios de la Isla, nos cuenta, más acciones fueron consumadas en su honor; sin embargo, algunas de ellas fueron desatendidas. La Avenida Coyula, por ejemplo, «pasó a llamarse, en 1957, avenida 19».
Sí se preservan las escuelas que llevan su apelativo y un servicentro llamado Coyula, así como condecoraciones y documentos suyos que atesora el museo de Regla, en la tierra que lo vio nacer y lo sabe entre los grandes cubanos de todos los tiempos.











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