ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Cartel promocional del sitio web.

Desde hace varios años, el Instituto Cubano del Libro procura poner los adelantos tecnológicos en función de la lectura. Para ello se creó, en 2022, el Programa Nacional de Desarrollo del Libro Digital en Cuba, con la colaboración de escritores, editores y especialistas de diversas ramas, desde la comunicación social a la tecnología, y así orientar y promover el proceso del libro electrónico cubano.

Para conocer cómo marcha el programa, Granma conversó con su coordinador, el escritor y crítico de arte, Jorge Ángel Hernández.

«Como objetivo general, el Programa se propone dar carácter autónomo a la producción editorial electrónica, por lo general asumida como una extensión del libro impreso y no como un producto nuevo con características y posibilidades diferentes. El Programa parte de una fase de diagnóstico y experimentación, con la experiencia de los lectores para redimensionar sus ámbitos de investigación y renovar las estrategias que necesitamos, que con frecuencia cambian muy rápidamente de acuerdo con los tiempos actuales. Esto incluye, por supuesto, que el amplio y ávido público lector cubano incorpore nuestra producción editorial electrónica como una de sus demandas culturales, acorde con los avances tecnológicos del siglo XXI. Solo así conseguiríamos colocar al libro digital en el nivel de prestigio y calidad alcanzado desde que se lanzara la primera campaña de lectura, dirigida por Alejo Carpentier, y a partir de que Fidel convocara al pueblo a leer, como una alternativa más libre que la de creer.

–¿Qué retos fundamentales enfrenta el Programa?

–Son varios y, paradójicamente, los más agudos no están relacionados con las carencias tecnológicas –que las tenemos debido al omnipresente bloqueo–, sino con la resistencia a admitir que estos modos de producir el libro coexistan, en igualdad de condiciones, con el libro tradicional de la era Gutenberg.

«Por supuesto, si no trabajamos el libro digital al nivel profesional que merece, se hace más difícil vencer esa resistencia, pues los autores ven un producto incompleto, deficiente con respecto al que conocen y valoran según sus propios libros. Debemos, por tanto, sumar el importante desafío de limar los prejuicios que hacen oídos sordos a los valores ya demostrados del libro electrónico, y lo digo porque tenemos algún que otro profesional del ramo que considera el trabajo de programación informática que cierra el producto como un asunto “técnico”, de menor relevancia».

–¿Qué otros inconvenientes se les presentan?

–Enfrentamos también otros obstáculos derivados del bloqueo, como tener prohibido utilizar tecnología estadounidense, lo que incluye limitar el uso de importantes programas, renunciar a los sistemas creados para la lectura en los dispositivos más extendidos mundialmente, trabajar preferentemente con software libre y de código abierto, y no poder comercializar nuestras obras en plataformas que monopolizan el comercio del libro electrónico global y que responden forzosamente a esas leyes extraterritoriales que boicotean cualquier posibilidad de comercialización y promoción de nuestra cultura.

–¿Qué perspectivas inmediatas tiene el Programa?

–Primero, tenemos todo el apoyo y la voluntad del Ministerio de Cultura y del Instituto Cubano del Libro (ICL) para dar el salto inmediato que necesitamos. Este salto, que estamos dando ya y se parece más al triple que al largo, comienza con la preparación del personal profesional para desempeñarse eficientemente en los nuevos modos de trabajo; continúa con solucionar los problemas de renovación editorial y creatividad que se nos plantean, pues se trata de un asunto complejo, no tan simple como pudiera pensarse superficialmente; y concluye con el ejercicio de un comercio electrónico eficiente. No todos, ni siquiera la mayoría, han reaccionado negativamente al advenimiento del libro digital, lo que nos abre un campo fértil de cultivo y colaboración. Y una que considero fundamental radica en que las posibilidades de circulación global que ofrece el libro electrónico puede permitirnos demostrar qué profunda, diversa y abundante es la literatura cubana, qué profesional y capaz es nuestra ciencia, cuán coherente es el camino de la Revolución con respecto a nuestra historia, entre otras muchas virtudes de la creación, que pululan entre nosotros y que se invisibilizan o se desacreditan cínicamente en el escenario de guerra cultural al que nos someten.

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