ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Claudio Casal, junto a otros payasos de Carpandilla, en La Carolina, Yateras. Foto: José Llamos Camejo

En las noches montunas de la Cruzada teatral Guantánamo-Baracoa, sale sin disfraz. Colgada al cuello, y en posición oblicua de la cintura al pecho, la omnipresente guitarra. Empina la voz y el coro adulto acompaña sus melodías; «es Claudio, el cantante», se le oye decir a más de uno.

Otra es la apariencia en el espectáculo diurno; entonces lleva un gorro estrambótico en la cabeza, la nariz en forma de tomate, y aferrada a él, cual prolongación natural de su cuerpo, la fiel de las cuerdas y las clavijas.

Niñas y niños –auditorio predominante en estos horarios– lo ven acercarse; «el payaso Wi-fi», rumoran entre sonrisas, a sabiendas de que el personaje les trae alguna simpática travesura. Ya en el escenario, sin más ni más, con esa fisonomía estrafalaria: «Estela es una niña que es candela / que no quiere, que no quiere/ no quiere ir a la escuela»…

Concebida a partir de una melodía de Liuba María Hevia, la parodia dibuja carcajadas en más de 70 rostros infantiles que, en La Carolina, Yateras, han acudido a la matinal cita con «los cruzados», quienes en este caso les regalan una propuesta de la guantanamera compañía teatral Carpandilla.

Integrado a esa agrupación, Claudio Casal es el mismo y es otro; cantante y payaso, ahora acompaña a Ángel Bofill, también payaso; conversan entre ellos, interactúan con el público y responden a las

reacciones de este; entablan un diálogo que raya en lo picaresco, en lo absurdo.

La conversación, a intervalos, deriva en trampas semánticas colocadas a la salida de alguna pregunta, de alguna frase. «A quien yo señale –convida Claudio– me dice, muy rápido, la palabra que represente el sexo opuesto correspondiente». «Perra»…

–«Perro» –¡correcto!

–Caballo… «caballa»…, ¡cómo! –carcajadas, murmullo.

A ver, niña, la de la cinta azul; sí tú: «Guanajo»…

–Guanaja– responde ella.

Por acá, tú: «mono» …

–Mona.

–Gato.

–Gata.

La cruzada es una escuela doble, admite Claudio; «esta vez me sirve también de escenario para investigar y aplicar la tesis de actuación teatral que preparo como estudiante de esa especialidad».

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