Con Shooter (El francotirador), cuya primera temporada cerró el pasado domingo en el espacio Alto impacto, de Multivisión, topamos nuevamente con una producción seriada antecedida por una película de relativo éxito.
El protagonista de aquella, Mark Walhberg, célebre por sus reiterados papeles de hombre de acción (Los infiltrados, Tres reyes, Contrabando, entre otras), figura entre los productores de la serie, que cambia radicalmente el foco de partida. Mientras en la película el telón de boca presenta un crimen que responde a intereses corporativos vinculados con la explotación de las riquezas del Cuerno africano, la serie apunta a la trama rusa, a una tenebrosa conspiración cuyos hilos, trenzados desde los cuarteles de la inteligencia de Moscú, involucran a elementos corruptos en suelo estadounidense.
El plazo temporal transcurrido de la película (2007) a la serie (2016, primera temporada) explica el desplazamiento temático. El conflicto ruso-ucraniano comenzaba la fase de agudización a raíz de los disturbios acaecidos en Kiev entre noviembre de 2013 y febrero de 2014, la exacerbación de posturas ultranacionalistas y antirrusas en Ucrania y la entronización en esta nación de líderes alineados con los intereses de la otan, lo cual representaba una muy seria amenaza para el Kremlin.
Si los soviéticos habían encarnado el mal en una zona de las producciones audiovisuales norteamericanas –el colmo de los colmos es la película Amanecer rojo (1984), en la que los reconocidos actores Patrick Swayze y Charlie Sheen interpretan a jóvenes estadounidenses devenidos guerrilleros ante una invasión de la urss y Cuba (sic)–, de un tiempo a esta parte los rusos cumplen el papel de los villanos.
No es fortuita entonces la elección del mandatario ucraniano, de visita en ee. uu., como la víctima del atentado que desata las acciones de Shooter. Lo demás es pan comido: la inculpación y persecución a Bob Lee Swagger, el francotirador traicionado al que le tratan de endilgar el magnicidio, la conversión de este en perseguidor de sus victimarios, y la redención del héroe con la ayuda de una agente del fbi que nunca duda de la rectitud de Swagger.
Alguien dirá que la serie no deja de criticar al sistema, pero la implicación de milicianos supremacistas, contratistas privados mercaderes de la guerra y de la asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca son apenas salpicaduras. Mucho más relevante es la naturalización del culto a las armas de fuego y al american heroe. Fíjense si en los productores y distribuidores del material ambos objetivos eran asumidos con plena conciencia, que hubo que diferir en 2016 el estreno de la serie debido a la ocurrencia, el 7 de julio, en Dallas de un tiroteo que cobró la vida de ocho policías. Como el perpetrador fue un antiguo francotirador del ejército, resultaba prudente poner distancia entre la realidad y la serie.
En el orden de la realización, Shooter mantiene un ritmo entretenido, en el que la acción es mucho más consistente que el seguimiento de la investigación. Al telespectador le importa un bledo el destino del llevado y traído Anexo b que pretende el svr (órgano ruso de inteligencia). La puntería de Swagger y su habilidad para salir indemne ocupan un primer plano, junto a su familia cuasi perfecta. No hay que exigir esmero en las actuaciones: Ryan Phillippe (Swagger) está a su nivel, mientras se echa de menos el probado histrionismo de Omar Epps (Johnson). Cada pieza en su lugar, sin salirse de la media. Veremos qué nos depara la segunda temporada.











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Rolando Zulueta Zulueta dijo:
1
2 de mayo de 2023
19:30:23
olegario dijo:
2
3 de mayo de 2023
09:06:08
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