
En la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, dirigida por el maestro Yhovani Duarte, la cual desde hace muchos años realiza el acompañamiento musical al Ballet y al Teatro Lírico Nacionales de Cuba, interpretando en cada caso piezas clásicas del repertorio internacional y también cubano, confluyen varias generaciones de músicos, con predominio de los jóvenes.
Una de ellos es la violinista Sabrina Martínez, egresada del Conservatorio Amadeo Roldán; quién contó a Granma lo que significa para ella ese destacado compositor, violinista, director de orquesta, impulsor de la fusión entre lo afrocubano y las piezas sinfónicas durante la primera mitad del siglo XX; del cual, este siete de marzo se cumple un aniversario más de su fallecimiento.
«Amadeo Roldan para mí fue una gran enseñanza. Un desafío que me ayudó a darme cuenta de las posibilidades y metas que podía alcanzar; más allá de ser un buen músico también convertirse en un ser humano ejemplar. Le tengo mucho cariño porque de él aprendí cosas que antes veía desde lo más simple», expresó.
También, manifestó el compromiso que tienen los profesores de esa institución con transmitir a sus alumnos el legado del gran músico cubano, en la formación del artista como ser humano. «Es más que un trabajo. Se trata de una obra noble. El arte debería ser accesible para todos».
Considerado por la crítica como uno de los músicos concertistas más destacados durante la primera mitad del siglo XX cubano, Amadeo Roldán fue Maestro de Concierto de la Orquesta Filarmónica de La Habana, labor que le proporcionó muchas satisfacciones. Posteriormente, en 1932 fundó y dirigió el Cuarteto de Cuerdas de La Habana; en este no solo interpretó reconocidas piezas del repertorio clásico internacional, sino que incorporó a la música de concierto instrumentos de percusión afrocubanos. Aunque nació en Francia, su corazón siempre fue cubano.
En sus múltiples aportes al movimiento artístico afrocubano, se encuentran la creación de las primeras piezas sinfónicas escritas únicamente para instrumentos de percusión, como fueron la quinta y sexta de sus Rítmicas (1930). Dos años antes compuso la que, posiblemente, sea su obra más conocida, el ballet La Rebambaramba; el cual constituye una mezcla de ritmos afrocubanos y caribeños.
A los 38 años de edad, en la cima de su carrera, a causa de cáncer, partió uno de los pioneros del arte sinfónico moderno en Cuba. Su obra artística y humana están vigentes en las nuevas generaciones de músicos como Sabrina quien, igual que Roldán, expresa la cubanidad por medio de la música clásica. «Creo que el mejor legado para un músico formado en el conservatorio es llevar el arte a donde sea que puedan disfrutarlo», agregó Martínez.











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