
La pluma perenne de Nicolás Guillén es un viaje seguro hacia la cubanidad, hacia las raíces más hondas del mestizaje cultural que alberga el alma de esta tierra a la que tantos versos le dedicó. Entonces no es de extrañar que ayer, cuando se cumplieron 120 años de su natalicio, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, afirmase en su cuenta en Twitter que la obra de ese grande de las letras «también es Cuba».
La fecha –inol- vidable para el pueblo que lo declaró Poeta Nacional– ha devenido numerosos festejos a lo largo y ancho del país. Como muestra elocuente de la persistencia de su legado en la Mayor de las Antillas, los artistas e intelectuales cubanos homenajearon el viernes en La Habana, en el Consejo Nacional de la Uneac, al fundador de esa organización.
En Camagüey, adonde solía ir el bardo para «revivir» sus «claros días de infancia», se llevó a cabo, desde el jueves y hasta ayer, el XIII Coloquio y Festival Nicolás Guillén, evento central de las celebraciones por el aniversario.
«Ha sido muy riguroso y serio, lo que demuestra la calidad excepcional de esta edición», manifestó Nicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación que lleva el nombre del máximo exponente de la prosa negra en Centroamérica. Alrededor de una treintena de espacios de debate reunieron a investigadores de dentro y fuera del patio para intercambiar sobre la trascendencia del Premio Nacional de Literatura 1983.
Un bosquejo desde su quehacer poético hasta su labor periodística, el análisis profundo de la presencia de Haití en su obra, paneles sobre el tratamiento de la raza y el racismo desde su visión, el arraigo de su prosa y lírica con la historia y las tradiciones cubanas, fueron algunas de las temáticas abordadas en los encuentros de ese variado programa académico.
También allá, en el terruño que lo acunó durante sus primeros años de vida, en su Casa Natal fue inaugurada la exposición La Muralla, de Oscar Rodríguez Lasseria, y se espera la aprobación de la Comisión Nacional de Monumentos de Cuba para colocar en esa instalación, piezas y pertenencias del Poeta Nacional, que donará la Fundación Nicolás Guillén.
Como colofón del homenaje, desde este domingo se le puede ver en la urbe camagüeyana al autor de Motivos de son, Sóngoro cosongo, El son entero. Lleva su habitual guayabera, y en las manos una pluma y un pergamino. Con mirada larga y profunda, como quien quiere retratar con los ojos cada movimiento, se erige Guillén en una estatua de bronce a tamaño natural, que la artista de la plástica Martha Jiménez fundió en los talleres de la Fundación Caguayo, de Santiago de Cuba.
El que tuvo «todo lo que tenía que tener»; el que fue yoruba, congo, mandinga, carabalí; el de la «firme guitarra» universal y cubana, / sin opio, ni mariguana, / ni cocaína, festeja en la memoria de sus coterráneos este 120 onomástico, con la certeza de que sus letras son caminos que transitan los hombres impuros que, como él, hacen de su obra una elegía a la Patria.











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