De un tiempo a esta parte, las series de intrigas policiales británicas (british crime series) ganan algún terreno en nuestra pantalla doméstica. Multivisión, en su horario nocturno, las acoge, y aunque no lo parezca, se nota la diferencia, unas veces para bien, otras para mal, pero diferencia al fin, pues la competencia entre la industria hegemónica de las cadenas y productoras estadounidenses y las de las islas europeas impone ciertos matices para tener en cuenta.
Estas últimas, por ejemplo, lo apuestan todo a la miniserie, desarrollos dramáticos breves, de continuidad, con independencia de que, por hacer la corte a su antigua colonia, se despeñen en segundas y terceras temporadas no siempre felices. La primera es la que vale, la que da sustento, la que empina vuelo, como acaba de suceder en Cuba con Inocente, transmitida originalmente de un tirón en cuatro jornadas de mayo de 2018 por ITV, canal independiente que desde 1955, con el distintivo de Canal 3, juega como alternativa al dominio público de la BBC.
Las estrellas son y están, e Inocente pone en primer plano a Lee Ingleby, solvente actor popular entre ingleses, irlandeses y escoceses, conocido por ser la contrafigura del inspector Gently, en la serie homónima, y el papelito de Stan Shunpike en Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Ingleby se mete bajo la piel de David Collins, a quien liberan gracias a una argucia legalista tras siete años de cárcel por el presunto asesinato de su esposa. Una vez en la calle lucha por su inocencia, por limpiar su nombre, recuperar a los hijos en manos de su cuñada, una excelente Hermiona Harris, y que se sepa la verdad, con la ayuda solidaria de una detective (interpretada por Angel Coulby) y arropado por su hermano Phil (Daniel Ryan) –parece un chiste que se nombre igual que la figura del rockero–, de quien se sabrá al final su macabro y patético papel.
Lo mejor de la miniserie reside en su gradación dramática, el seguimiento de pistas probables, las dudas que inquietan al telespectador y la telaraña de intereses mezquinos alrededor del caso, con la cuñada de Collins al frente y el investigador de la causa inicial puesto en solfa. Lo menos consistente, el final perdonavidas, la redención. Ingleby se lleva las palmas.
Después de Inocente, apareció Hard Sun, que aún no ha concluido. Quien mucho abarca, poco aprieta, reza el refrán popular, y eso sucede con una miniserie muy publicitada, dada la fama de su creador, Neil Cross, el de Luther, y la intención de dotar al enigma policial de tintes preapocalípticos.
Tamaña dispersión entre el seguimiento de un asesino serial, los ocultamientos de los servicios secretos en torno al inminente colapso de la vida terrestre, las tragedias personales, las relaciones tirantes entre los investigadores. Para quedar atrapado entre la rara belleza de Agyness Deyn, modelo de Armani, el impreciso histrionismo de Jim Sturgess y la esquemática Grace de Nikki Amuka. Vendrán, esperamos, nuevas british crime series, y serán mejores.











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