Hasta allí donde la memoria guarda aquellos recuerdos que, por lejanos, solemos olvidar, llegan las historias de Vidas comunes, un espectáculo que cada fin de semana hurga en circunstancias irrefutables de nuestra sociedad.
Atacando directamente a los sentidos para que los adultos rememoren y los más jóvenes conozcan las vivencias de este pueblo entre los años 80, 90 e inicios de los 2000, Osvaldo Manuel Pérez –en quien recae dirección general y actuación– narra pasajes latientes de una forma u otra en la vida de los que habitamos este pedacito caribeño.
Así, ese amor puro de la infancia, las ocurrencias y esperanzas de los niños, los errores de una nación emergente que se despojaba de arcaicos lastres, las necesidades y carencias de un país eternamente asediado, la crisis, el periodo especial, la llegada del sida a Cuba, la emigración y las «promesas» de un futuro mejor a 90 millas, tejen –y no al azar– una sucesión de (mini)cuentos que obligan al público a mirar de frente a las dificultades que ha atravesado la Mayor de las Antillas a lo largo de más de seis décadas.
Breves, pero con un mensaje contundente que el narrador hace llegar, esas adaptaciones a textos de escritores cubanos y colombianos, consiguen una identificación instantánea del público con los personajes. Tanto sus autores como Osvaldo Manuel –maestro de la narración oral– se adentraron en las interioridades de nuestra sociedad para darles voz a emigrados y exiliados, niños y jóvenes, profesionales de academia o de oficio, políticas y religiones, en fin, cubanos cuyas historias de vida compartimos muchos.
De eso se trata este espec- táculo de Teatro de la Palabra, de ponernos a unos al lado de los otros para que de una vez comprendamos que nuestras realidades no están tan alejadas, que somos un pueblo que no puede olvidar lo vivido: sus deslices y mucho menos lo logrado. Ponernos una venda en los ojos o negar la historia que nos ha llevado hasta este punto donde el retorno solo significaría pisotear los huesos de nuestros muertos, no es la solución, y Vidas comunes es una puerta que se abre para –voz, música e imágenes mediante– revisitar el pasado cercano y aferrarnos al presente con los valores arraigados en la nación y la nacionalidad cubana.
Cargado de símbolos y metáforas, ese espectáculo presentado en la sala Tito Junco del complejo cultural Bertolt Brecht, es un libro abierto donde cada cuento es una postal de la historia de Cuba después de 1959 que pide a gritos no quedarse solo en la palabra. También Vidas comunes es un homenaje a Daniel Alberto Hernández Acosta y a Dimas Rolando, figuras que desde su quehacer renovaron la escena cubana, el primero en la narración oral, el segundo en el teatro.











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gumersindo marcos dijo:
1
3 de noviembre de 2021
08:30:39
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