ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Internet

Tras cerca de dos años de aplazamientos a causa de la pandemia, finalmente ve la luz el último James Bond, el 25, Sin tiempo para morir, que significará el adiós de Daniel Craig al personaje tras haberlo asumido en cinco ocasiones.

Poco antes de la gala celebrada esta semana en Londres, el director del filme, Cary Fukunaga, soltó un bombazo: «El James Bond de Sean Connery era un violador».

En verdad no se trata de un descubrimiento, y menos en la era del incisivo MeToo, pero el asunto había quedado «aplazado» públicamente por aquello de que el ya desaparecido Sean Connery, además de ser tan buena gente como excelente actor, fue el primero en darle vida al personaje creado por el novelista Ian Fleming en la década de los 50, Agente 007 contra doctor No. (1962), película que, como todas las demás, aportaría jugosos dividendos a la industria.

 El mismo Sean Connery llegó a renegar de sus películas, concebidas en tiempos de Guerra Fría como oriflama propagandístico en la lucha contra el comunismo internacional: del lado de los «buenos», gente simpática y dispuesta a ofrendar sus vidas para salvar al «mundo libre»; del bando de los «malos», genios feos y perversos (excepto algunas mujeres) prestos a incendiar el mundo.

La galería de chicas Bond debían pasarla de maravilla en su tránsito por el lecho del 007, no importa que estuvieran controladas por «el oro de Moscú». En la cama, en un butacón, o sobre el hiriente arrecife de cualquier playa lejana, las técnicas amatorias del agente con permiso para matar tendrían que imponerse a cualquier ideología.

Pero el Bond de Connery, fiel al estilo de seductor irresistible que le imponían, también violaba, ha recalcado el director Fukunaga, y menciona títulos como Goldfinger, y otros más con escenas más próximas a la transgresión amorosa que al lance consensual, todo lo cual era el reflejo de una época de relaciones sociales dispuestas a dar el sí, y hasta ver con simpatía que el macho no tuviera demasiados miramientos a la hora de ir por lo suyo.

 En lo mucho que le debe el machismo al cine, aquellos filmes de James Bond, y otros más, fueron una influencia nefasta para algunos desmandados que todavía andan por ahí rumiando viejas glorias de prepotencia. Al respecto, el director de este último James Bond ha querido ser preciso. Sin tiempo para morir, además de respetar a las mujeres, es el filme con mayor paridad de poder entre los personajes masculinos y femeninos.

¿Se desvirtúa entonces el James Bond tradicional?

No exactamente, porque la papilla ideológica sigue estando intacta.

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Pablo Perbellini dijo:

1

2 de octubre de 2021

17:44:26


Excelente nota, el imperio sigue vigente y la batalla cultural es larga y mucha como dice un tango argentino.