ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Archivo de Granma

Alentados por la esencia del pensamiento martiano, cuando este afirma que «de amar las glorias pasadas se sacan las fuerzas para adquirir las glorias nuevas», aspiramos regularmente a escribir acerca de aquellos hombres y mujeres que, a lo largo de nuestra historia, han sobresalido por la estatura moral que los distingue. Reciban esta propuesta como un humilde aporte a la reflexión necesaria sobre el valor de los principios que nos debe acompañar en estos días convulsos en los que vivimos.

Y precisamente para la crónica de hoy, he escogido a un joven que siempre me ha impresionado hondamente. Este no puede ser otro que Francisco Gómez Toro, Panchito, como cariñosamente se le conoce. Antes de hablar de las virtudes como ser humano que se reúnen en Panchito, este tiene un privilegio que solo pudo haberle sido otorgado por los dioses.

Fermín Valdés Domínguez y José Martí en Cayo Hueso, en 1894. Al centro, Panchito Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo Gómez. Foto: Archivo de Granma

Nada más que por el enorme prestigio que implica el hecho de ser un hijo de Máximo Gómez, no resulta difícil imaginar el orgullo de este por su padre, por quien sentía sincera devoción. Pero si a la vez, la vida lo lleva a tener una entrañable y profunda relación con Antonio Maceo, con quien llega a participar durante 91 días en acciones combativas en el occidente del país, ya entonces contaríamos con poderosos argumentos para considerarlo como una persona de incuestionable interés histórico. Y si al mismo tiempo conocemos que llegó a ser no solo el secretario y el asesor de José Martí sino su hombre de confianza, definitivamente estamos ante un hombre excepcional de tan solo 20 años de edad en nuestra historia.

De Panchito se dice que era de una gran madurez, además de ser sincero, sencillo y sumamente afectuoso. Sin embargo, estaba plenamente consciente de sus deberes con la Patria, de ahí la famosa frase que le susurra al oído del padre, en el momento en que este parte para Cuba: «Muerto o a tu lado».

Es en septiembre de 1896 cuando Panchito, una vez en Cuba, ingresa en las fuerzas del Ejercito Libertador bajo el mando del General Antonio Maceo. Por el arrojo y la valentía en el combate, es ascendido en la primera quincena a teniente y a capitán en los quince días siguientes.

Pero la razón por la que hemos querido honrar la memoria de Panchito Gómez Toro, se debe al conocido gesto de suprema lealtad al que nos convoca, desde la mayor seriedad, al análisis en cada uno de nosotros del significado de asumir el sacrificio por la Patria.

En la tarde del 7 de diciembre, cuando Panchito se enteró de la caída de Maceo, corrió hacia él, desarmado, a pie y con el brazo en cabestrillo. Lo encontró tendido y sin vida. Pensó que había que sacarlo de allí. Hizo un gran esfuerzo, pero no lo logró.

Recibe dos heridas de balas y con el brazo inmovilizado, trata de suicidarse para no caer en manos del enemigo. Se quedó allí cuidando el cadáver del jefe y del amigo, pero no pudo hacer esfuerzo alguno por encontrase muy débil debido a la pérdida de sangre.

En esas condiciones escribió una carta a sus padres. En ese instante llega hasta él un guerrillero al servicio de España. No sabía quién era, ni el otro mambí que yacía, muerto, a su lado. Conversa con Panchito y, después de hacerlo, le da un machetazo y lo asesina.

Con la lectura de su memorable carta, concluimos emocionados una vez más, en que en los asuntos de la Patria no hay espacio para la pobreza de espíritu y mucho menos para las bajezas por parte de cobardes y traidores:

«Mamá querida, papá, hermanos queridos:

Muero en mi puesto, no quise abandonar el cadáver del General Maceo y me quedé con él. Me hirieron en dos partes. Y para no caer en manos del enemigo me suicido. Lo hago con mucho gusto por la honra de Cuba. Adiós seres queridos los amara mucho en la otra vida como en estas. Su Fco. Gómez Toro. En Santo Domingo. Sírvase amigo o enemigo mandar este papel de un muerto».

Bibliografía utilizada:

Mambisadas. Abelardo H. Padron Valdés. Casa Editora Abril. 2017.

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Maru dijo:

1

7 de junio de 2021

17:47:42


Que bueno para que los mas jovenes refresquen la memoria de nuestra historia