
Vicente Feliú disparó rápido y pronto por sus canales: «La pandemia se llevó a un puntal de la solidaridad y la cultura iberoamericana, uno de los cantores más carismáticos que he conocido, con una multitud de discos grabados con todas las temáticas, el queridísimo Oscar Chávez». Era el último día de abril y ninguno de los que creemos en el canto como herramienta de liberación y transmisor de belleza, permanecimos impasibles. Oscar era y es tan mexicano como nuestro, tan del sur del continente como de los descendientes de sus coterráneos que andan por la vecindad procelosa del norte, tan de ayer como de siempre.
Contaba con 85 años y varias décadas de trazado artístico. Con la guitarra y si acaso acompañamiento mínimo. De un lado a otro de la geografía mexicana y los territorios afines de la lengua. Llegó a Cuba, por primera vez, para participar en el memorable Encuentro de la Canción Protesta, organizado por la Casa de las Américas y compartido entre La Habana y Varadero, en 1967. Con la institución fundada por Haydée Santamaría sostuvo una fértil relación que se tradujo, para citar un ejemplo recordado por Amaury Pérez, en la edición de un disco con cuatro poemas de José Martí, musicalizados por él. Cada vez que ofrecía un recital indefectiblemente el público pedía su versión de La niña de Guatemala.
Entre 1963 y 1966 registró tres discos fundamentales para la cultura popular, bajo el título Herencia lírica mexicana, y en el medio, Los caifanes, la película de Juan Ibáñez, con guion de Carlos Fuentes, en la que interpretó a un tipo de la calle llamado el Estilos, y que hizo que lo bautizaran en adelante como el Caifán Mayor.
Oscar le cantó las cuarentas a políticos corruptos y oportunistas en temas que dejaron huellas como La casita y Se vende mi país, pero también tributó a los más íntimos sentimientos –Por ti es himno de varias generaciones– y dedicó energías al rescate del cancionero latinoamericano.
Nunca dejó de ser solidario con Cuba, con claros y fuertes pronunciamientos contra el bloqueo de los gobiernos estadounidenses. Ni de abogar por las causas de los pueblos de la región.
Cubadisco, en su edición de 2002, le otorgó el Premio de Honor, al que correspondió con un concierto en la Casa de las Américas, acompañado por el trío Los Morales.
Hace apenas unos días, estremecido por la muerte de su colega español Luis Eduardo Aute, Oscar escribió los siguientes versos: «Quién va a escuchar tu latido / hasta el último sonido / de tu pintura y canción. /Qué harás con el corazón / de tanto amigo querido». Bien le caben a Oscar esas palabras.











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