«Los niños son los que saben querer».
A ellos debiera preguntárseles cómo eliminar fronteras o desactivar por siempre todas las bombas que existen.
A ellos debiera preguntárseles qué hacer con la justicia cuando se le corrompe o con las burbujas para que no exploten.
A ellos debiera preguntárseles dónde encontrar la dignidad cuando se pierda; dónde esconder la desigualdad para que jamás la encuentren y sea su contraria (sin «des») la que gane esas «escondidas».
A ellos debiera preguntárseles cómo vivir la vida, porque de seguro su respuesta nos llevaría a vivirla bien.
A ellos debiera preguntárseles cuánto amor cabe en un alma, cuántos mares en un llanto.
A ellos debiera preguntárseles cómo querer, porque «son los que saben».
Pero como hay tantas preguntas y los niños y las niñas, a veces, se cansan de eso rápido, por favor, cuando lleguen del círculo, de la escuela, o, simplemente, cuando salgan del baño, pregúntenles al menos qué aprendieron hoy. Y procuren que no se echen a llorar.
















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