Las informaciones referidas al coronavirus en Estados Unidos no dejan de estar acompañadas de imágenes en las que aparecen personas de ambos sexos formando largas filas para comprar armas.
¿Para defenderse de qué?
Una vez más el cine proporciona una pista expedita, en específico el tema del survivalismo, tantas veces llevado a las pantallas, y que muestra a personas que se han preparado para salir con vida de hipotéticos desastres mundiales o que, llegado ese momento, se agrupan para luchar contra otros que no tuvieron la precaución de acumular los recursos que ahora ellos atesoran celosamente.
Un tema en el cine, el de la supervivencia un día después del horror, que es antiguo y no solo a partir de las cintas de recreaciones cristiano-evangélicas que veían nuestros abuelos. Hubo una época en que el cine norteamericano se cebó en el tema de «el día después». Tiempos de Guerra Fría y paranoias galopantes en el que el gobierno recomendaba construir refugios en los jardines de las casas para protegerse de los misiles soviéticos.
Durante los años 60 del pasado siglo, comenzó a utilizarse el término «survivalist» como denominador de las personas preocupadas por abastecerse de todo lo necesario para afrontar una catástrofe caótica (comida en lata, combustible, linternas, filtros de agua y armas). Una obsesión que tras la llegada del año 2000 ha sido estudiada por sociólogos y científicos de Estados Unidos, ya que la venta de materiales de emergencia se ha ido disparando junto a la compra de libros que tratan de aleccionar cómo se sobrevive a una hecatombe.
Los motivos del desasosiego son diversos, entre ellos el cambio climático, un colapso en la producción de petróleo, un ataque terrorista, agresiones provenientes de otros planetas, el choque de la Tierra con un aerolito, la recesión global y las epidemias.
Hace diez años el sociólogo Frank Furedi, autor del ensayo La cultura del miedo, afirmaba que la imaginación de los survivalistas transforma cualquier contratiempo en una amenaza para la supervivencia. Y ello sucede, explicaba, «porque hemos perdido el sentido de proporción histórica, ya que en lugar de tratar la gripe como un problema sanitario, la tratamos como si fuera el Apocalipsis. Y lo mismo pasa con el terrorismo, el calentamiento global, o la crisis económica; todo ello síntoma de una sociedad atenazada por la ansiedad».
Los campamentos survivalistas abundan en Estados Unidos, y en general los integran personas de clase media que pueden pasar en ellos sus vacaciones, al tiempo que se preparan para habitarlo en caso de ocurrir una catástrofe. Suelen levantarse en bosques, o protegidos entre montañas. Se abastecen de energía solar y una demanda indispensable, antes de inscribirse por una cuota de alrededor de mil dólares, exige llevar un fusil ar-15 o algo semejante. Las armas son una obsesión, porque llegado el caso de que tuvieran que compartir con otros un pedazo de pan, o un trago de agua, no lo harán, a tono con el principio jurado de que «lo que hoy te doy, mañana puede faltarme».
De nada valen los análisis de especialistas haciéndoles ver que en tiempos de hecatombe lo que se impone es la solidaridad humana y no el egoísmo atroz. A la cadena de acontecimientos que pudieran desembocar en el temido «día después», los survivalistas han agregado una última causa a la lista: las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el 3 de noviembre de 2020, en medio de un clima de tensas divisiones políticas. ¿Y si no se aceptan los resultados y sobreviene una guerra civil?, se han preguntado mientras engrasan sus armas.
No creo que todos los que aparecen en esas imágenes de personas comprando armas en medio de la crisis del coronavirus sean survivalistas, pero sí pueden estar espoleados por la filosofía del sálvese quien pueda, o quizá, en medio de la incertidumbre de los días por llegar, simplemente tengan miedo.











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Reinaldo Herrera dijo:
1
27 de marzo de 2020
16:08:47
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