ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Cyrano y la Madre de Agua, una obra para toda la familia cubana. Foto: Ariel Cecilio Lemus

¡Míralo ahí!, ¡míralo ahí! vociferaba el pionero a mi izquierda, que tomaba partido entre los malos y los buenos: el Cazador y Tirapiedras, y Cyrano y su tío Miguel, en un teatro repleto de público de todas las edades. Misterio, sabiduría popular, estampas campesinas, lenguaje coloquial, típico de la cubanía, dibujan el entramado en que se mueve Cyrano y la Madre de Agua, la obra que en este Festival Internacional de Teatro de La Habana (FITH) presentó el grupo Los Cuenteros, de San Antonio de los Baños, Artemisa, celebrando sus 50 años de fundado.

«Este espectáculo resume en cuanto a poética y estética a la compañía que se ha caracterizado por defender el títere de retablo tradicional, el títere de guante, el humor criollo campesino, las leyendas del folclor cubano», aseguró a Granma Malawy Capote, directora artística y general de Los Cuenteros.

La obra, justamente seleccionada para el público familiar, aborda temáticas recurrentes en la actualidad, a pesar de haber sido escrita en 1998 por Ulises Rodríguez Febles, un guajiro natural matancero que desea «mantener la herencia cultural cubana y el mundo en que vivimos».

Partiendo del mito de las madres de agua, majás grandes, unos con tarros, otros silbantes, agresivos o no, que viven en las aguas corrientes de los ríos, lagunas o pozos de nuestros campos, descrito por Manuel Feijóo en su volumen de Mitologías cubanas, Rodríguez Febles aprovechó para contar la historia de un niño al que llaman Cyrano por tener la nariz larga, –como el personaje creado por el dramaturgo francés Edmond Rostand– y que gracias a su tío Miguel, un campesino ya entrado en años, soñador y algo loco, conoce la existencia de una Madre de Agua en el pozo de su bohío. De ser un pequeño afligido por su protuberante «hocico» (con esa palabra es mortificado) se convierte en héroe de la aventura al rescatar al malvado cazador de morir ahogado y al enorme majá de esperar la muerte tras las rejas de una jaula.

El trabajo titiritero destaca por su cercanía con la realidad, y el dominio del manejo de las piezas que combina con el diseño escenográfico, matizado por un bien logrado aire montuno. Dicha construcción es capaz de cautivar con sus juegos de colores, armonía, trucajes y gustoso trabajo de artesanía, fruto de la creatividad de Gilberto Perdomo, quien fuera integrante del grupo por muchos años y que marcó la imagen visual de Los Cuenteros. La invitación a participar como parte de la muestra nacional en la presente edición del fith es una recompensa a tanto esfuerzo y trabajo que ha caracterizado durante medio siglo a esta compañía, formada por la Primera Escuela Nacional de Teatro Infantil, y que aún hoy no cuenta con un local con las condiciones mínimas para ensayar ni ofrecer funciones.

Ecología, relaciones humanas, vínculo –aunque metafórico– de los niños con la muerte, crítica al bullying, relación de la familia con los discapacitados, autoestima, amor a la naturaleza, rescate de las tradiciones y la idiosincrasia popular cubana se reúnen en un espectáculo rico en lecciones de vida no solo para los niños.

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