
Las transformaciones revolucionarias se reflejan sensiblemente aun en los campos aparentemente más pasivos e indiferentes. Lo que ayer guardaba una determinada dimensión por virtud de los juicios de valor a que estaba sujeto, hoy se reduce o se agiganta visto a través de un prisma nuevo. La renovación o sustitución de las estructuras fundamentales plantea problemas diversos y complejas situaciones que hay que abordar con la profundidad, ingenio y originalidad que las circunstancias exigen.
Las dificultades económicas, el cerco político y en ocasiones la represión directa, las deserciones y el aislamiento del público produjeron siempre irremisiblemente el mismo resultado: un tenso esfuerzo y una caída fulminante: Pero de todos modos con esos trazos está escrita la verdadera historia de nuestra crítica, incluyendo sus errores.
(…) La confrontación de la verdad en todas sus dimensiones y ámbitos y el directo conocimiento, directo y libre de las culturas más diversas, replantea automáticamente el problema de la crítica por encima de reminiscencias y restos, y obliga a un cuidadoso estudio del problema. A que este se produzca contribuirá seriamente la unidad de los artistas y escritores alrededor de la Revolución y el clima de genuina libertad que ella promueve.
Si la orientación y el carácter de la crítica resultan tan importantes para las artes y la cultura en general, en el caso de la cinematografía las particularidades no son pocas y confieren gravedad a este aspecto.
La materia con la que trabajan los críticos cinematográficos tiene más largo alcance y no pocas veces permite abordar un complejo de temas y aspectos casi inacabable. El cine es la única de las artes que llega directa y tal cual es a millones de gentes y la que más sistemáticamente trasmite caracteres o fases de otros medios de expresión. De este modo la influencia del cine es compartida por reflejo por quienes lo comentan o analizan, y si bien es cierto que la mayor parte del público no lee las críticas, una parte de él lo hace irregularmente y a medias, y la otra, acaso muy pequeña no deja de tomarlas en cuenta. Es esta minoría –no forzosamente aristocratizante ni aislada ni reaccionaria y sí muy a menudo revolucionaria– la que se proyecta a su vez sobre el público, y toda una cadena de reacciones, contribuye apreciablemente a la formación de los gustos y a la información del espectador.
Lo importante es el problema planteado: ¿Puede la crítica ignorar las profundas transformaciones revolucionarias que se han producido en la sociedad cubana, en su estructura, y en la composición, orientación, intereses y necesidades del público-pueblo? La respuesta solo puede ser una: No.
Lo primero que irremisiblemente tiene que hacer un crítico es preguntarse para quién se escribe, por qué escribe para ese quien, en que época y sociedad escribe y sobre todo por qué escribe. Pero si logra responderse a esas preguntas tendrá que enfrentarse a otras: ¿cómo escribir, de qué escribir, cuándo escribir? Es menos fácil que improvisar y jugar con juicios y palabras «menos espontáneo», más complejo y ligado a los deberes públicos. Más revolucionario también: es el modo de hacerlo a la altura de la Revolución para decirlo exactamente.
(…)
¿PODEMOS HABLAR DE PANFLETISMO?
El cine cubano no tiene por qué incurrir en este. No partimos de bases dogmáticas. Aspiramos a aprovechar las experiencias de todas las cinematografías y hacerlo consciente y selectivamente. No creemos conveniente aceptar posiciones estéticas previas y debemos recorrer todos los caminos y trabajar con directores y escritores de diversas escuelas y tendencias siempre y cuando garanticen un cierto nivel de calidad. En esta atmósfera de creación y experiencia, de selección y confrontación, surgirán seguramente los talentos individuales y las soluciones que necesitamos.
Por supuesto, no podemos dejarlo todo al azar. Una vez creadas las condiciones es preciso se planteen en todos los órdenes las cuestiones de principio, y que se las analice y estudie, y que tratemos de encontrar una base ideológica común como la que tenemos con la Revolución. Esa base ideológica no puede trabar, sino que debe liberar los medios de expresión, el instrumental del trabajo del artista. Tal vez sea conveniente aclarar el concepto: No pretendemos, quede bien claro, establecer dogmas, y ni siquiera estamos personalmente dispuestos a acatarlos, pero no podemos acercarnos a la realidad, o encontrar su poesía sin seriedad y coherencia.
(...)
Un cine no es revolucionario por los temas que toca sino por cómo toca esos temas. Si un cine es sincero y artística y técnicamente eficaz no importa el tema que toque, será siempre revolucionario. Revelar los mecanismos internos de la realidad y de su poesía, y entregarlos al hombre, hacer del hombre dueño de su destino y capaz de ejercer todas sus potencias, eso es ser revolucionario. El arte lo es en la medida en que está al servicio del hombre. Este tendrá que ser el punto de partida, por eso me asusta menos el panfletismo, que el cinismo o la evasión aunque a decir verdad, ambos son lamentables. (Tomado de artículos publicados en Lunes de Revolución)











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